Más allá de que aún faltan las elecciones definitivas (14/11), y quedó claro en estos días que podrán ser dos meses largos, el mercado no dejó de reflejar cierto optimismo en el (muy) largo plazo. De hecho, luego de una semana complicada para los flujos en la previa a las PASO, la derrota provisoria del oficialismo en las urnas marcó una aparente ruptura en las expectativas de los inversores. Y si bien con el correr de los días, los acontecimientos políticos empañaron este optimismo, es una realidad que el resultado en esta instancia le dio algo de oxígeno a la industria y movilizó los flujos.

Sin ir más lejos, más allá que los MM y los T+1 volvieron a recuperar terreno –y mantienen concentrando el interés-, se observa que los fondos Dólar Link volvieron a captar el interés. En lo que va del mes, de forma previsible, los flujos CER fueron eclipsados por los DL; no obstante, la volatilidad diaria de estos flujos es alta (y de continuar este escenario, podrá mantenerse así).

Así, en números, la industria acumula en septiembre un ingreso (neto de rescates) por casi $53 mil millones, principalmente provenientes de los Fondos de MM y del comportamiento de estos en los primeros días del mes. Mientras que, a diferencia de la tendencia de los meses anteriores, los fondos DL se mantienen en positivo ($11,5 mil millones) y los CER en casi $11 mil millones en negativo -por primera vez en el año-.

En este contexto, y a pesar de la volatilidad (rasgo en el que debemos insistir), la industria se mantiene arriba de los 2.8 billones de pesos en activos bajo administración, con un alza de 0,2% en el mes -por debajo del promedio, pero esperable en este mes-.

Los fondos de Dinero siguen explicando más del 51% de market share, seguidos por los fondos de Renta Fija con un 32%. Como dato de color, dentro de este universo, los T+1 en pesos representan el 37% (o 12% del total del PN), mientras los fondos de RF discrecional, DL y CER suman un 20%, 14% y 13%, respectivamente. Si los analizamos en función del total administrado, estos ratios caen al 7%, 4% y 4%, respectivamente.

Mientras tanto, en Renta Fija en USD (valuados en pesos), hay en torno a un 5% del total de PN; o bien, menos del 15% de lo que hay en este universo de fondos. Puntualmente, del total administrado, los LatAm reflejan un 4% y los FCI con instrumentos riesgo argentino en USD en torno a un 1%.

Más lejos, los fondos categorizados como Renta Mixta acaparan sólo el 7% de la industria (contra el 33% mencionado de Renta Fija).

Posibles estrategias para exponerse al riesgo argentino

Pero más allá de esta foto general, la clave en esta industria (sacando de la ecuación a los MM) está en la composición de cada fondo, ya que dentro de cada etiqueta o categoría pueden convivir múltiples estrategias.

Por ende, hagamos un doble clic. El objetivo: identificar aquellas carteras que permitan exponerse (de forma algo más agresiva) al riesgo argentino si las expectativas del inversor apuntan a un cambio (en el mediano/largo plazo) en el actual camino. Y dentro de este marco, por ejemplo, nos enfocamos en los fondos de Renta Mixta.

Según la CAFCI, la definición formal de “Fondos Mixtos”, considera aquellas carteras que “combinen distintos activos financieros, tales como bonos, acciones y plazos fijos”. No obstante, haciendo un paneo general, en realidad estos fondos no son tan mixtos como se definen. ¿Qué queremos decir? Qué estos portafolios están conformados prácticamente por mayoría de instrumentos en renta fija nacional en pesos, y en consecuencia, es baja la participación de renta variable.

Este dato no debería de sorprendernos dada la actualidad del mercado accionario (y su tendencia en los últimos años). De hecho, si vamos a los números, en estos Fondos Mixtos la renta variable en promedio es menos del 10% de la cartera. Más específicamente, las acciones apenas superan el 8% de la posición, y si extraemos los Cedears (que es riesgo externo) hablamos sólo de alrededor del 5%.

Igual un punto a destacar, en este sentido, es la mayor discrecionalidad que tienen estos fondos en comparación a los clasificados como Renta Variable. Estos últimos suelen seguir un benchmark (como el Rofex20, o S&P Merval) con lo cual sus posiciones más importantes están centradas en los papeles de mayor volumen; mientras que, en contraposición, los Mixtos tienen una mayor flexibilidad en la elección. Si bien Ternium lidera en ambas categorías, los} últimos buscan papeles de sectores no regulados o bancarios.

Ahora bien, saliendo de la renta variable, todo el resto del patrimonio de estos fondos Mixtos (en torno al 90% o poco más) lo explica renta fija en sus diferentes versiones. Teniendo en cuenta acá que la renta fija se diversifica entre Títulos Públicos (en pesos y en dólares), ONs (de todos los ajustes), y Letras (CER, principalmente), entre otras. Estas últimas, de hecho, son las que más terreno han ido ganando -pasando del 6% al 14% desde el comienzo del año, en busca de menor volatilidad-.

Mientras que, en cuanto a duration, la composición de cada estrategia es clave. Pueden ir desde 0.5/1 año hasta más de 2 años, afectando en consecuencia la ecuación de volatilidad- retorno.

Por último, otro punto a destacar en estas estrategias, es el valor agregado que puede sumar el PM de cada fondo. Su versatilidad en la administración, en especial en contextos volátiles como el de Argentina, puede llegar a ser un diferencial que se puede potenciar (adicionalmente) con la diversificación de estas carteras.

Estas son alternativas viables para aquellos perfiles moderados o agresivos que busquen salir de la dinámica CER vs Dólar Link, y no quieran exponerse a un fondo de Renta Variable (que puede llegar a triplicar o cuadriplicar la volatilidad de los fondos bajo análisis). Recomendando igualmente entender previamente la composición de cada estrategia, la volatilidad alta en general de estos fondos y los riesgos implícitos.

*Analista de PPI