A contramano de la liberalización cambiaria fundacional de la era Cambiemos, el Gobierno de Mauricio Macri se despedirá con un supercepo casi inexorable. Con la necesidad de cuidar las escasas divisas del país, Alberto Fernández sostendrá el control. Pese a que aún faltan conocerse muchos detalles de las políticas que implementará el Frente de Todos, lo seguro es que esta nueva versión del cepo dejará ganadores y perdedores entre los distintos sectores.

A la luz de lo ocurrido en el control de cambios vigente entre 2012 y 2015 y de las diferencias con el contexto actual, un informe de Ecolatina proyectó que las actividades más beneficiadas por esta medida en el próximo período serán el turismo y la construcción, mientras que las más perjudicadas serán la inmobiliaria y las industrias que dependen de la importación.

El cepo actual tiene un tope de compra de divisas más bajo (US$200 mensuales para personas físicas), pero esta vez no se aplicaron aún límites cuantitativos a las importaciones ni impuestos al turismo en el exterior ni se prohibió la toma de créditos hipotecarios en dólares, como sí sucedió antes. Habrá que ver si el próximo Gobierno modifica estas condiciones. Además, en 2012-2015, el peso se apreció progresivamente mientras la brecha cambiaria se ampliaba, dos problemas que no reaparecieron en la misma medida.

Ganadores y perdedores

Según Ecolatina, el sector ligado al turismo receptivo se verá beneficiado por el supercepo actual, a diferencia del control anterior. Entonces Argentina estaba cara al dólar oficial y desalentaba el ingreso turistas extranjeros, aunque esto era parcialmente compensado por una brecha cambiaria que incentivaba a los viajeros a liquidar sus dólares en el mercado informal. “La reciente devaluación lo posiciona de manera más favorable, por lo que, de mantenerse dicha competitividad, el sector sería uno de los ganadores”, planteó.

Si bien el impacto negativo del cepo en el sector inmobiliario afecta a la construcción privada, esta también se subiría al podio. Es que los controles la posicionan “como una opción de reserva de valor dolarizada”. Ecolatina sostuvo que, en el marco actual, las condiciones para la actividad son particularmente buenas: “En los últimos años subió el precio en dólares de las viviendas y se redujo significativamente el costo de la construcción en moneda dura a partir de la devaluación”.

Para la consultora, la exportación, en particular la agroindustria, fue perjudicada en la restricción anterior en un contexto de elevadas retenciones, dólar atrasado e insumos dolarizados que se movieron junto al dólar paralelo. Pese a que se descuenta un aumento de las retenciones, el estudio remarcó que “la competitividad cambiaria se encuentra cercana al promedio histórico y la brecha cambiaria aún no es importante”. Así considera que, si no se revierte el escenario, el agro también podría ubicarse entre los beneficiados.

En la vereda de enfrente, el sector inmobiliario, con las operaciones de compraventa dolarizadas, será otra vez el mayor perjudicado. Durante el cepo anterior, las operaciones cayeron 30% en el GBA. “El golpe puede ser aún mayor en el futuro por encarecimiento de las viviendas y la caída del poder de compra del salario, ambos medidos en dólares. No obstante, algo a favor es que por el momento está permitido acceder a créditos hipotecarios de hasta US$100.000”, señaló la consultora.

También se verán damnificadas las industrias importadoras netas. Ecolatina apuntó: “En 2012-2015 fueron afectadas por las restricciones de acceso al mercado divisas y, principalmente, a los controles cuantitativos a las importaciones que generaron faltantes de insumos. Bajo las condiciones actuales del cepo, dichas industrias se verían afectadas, pero en menor medida que antes”.

El caso de la energía es particular. Como todas las actividades que precisan grandes inversiones, se perjudican con el cepo ya que las multinacionales no pueden girar sus dividendos libremente al exterior. Por eso, y con la expectativa de que Vaca Muerta sea una fuente de divisas para el país, un sector del Frente de Todos, encabezado por Guillermo Nielsen, promueve un régimen cambiario especial para el sector. Una visión que no comparten los equipos técnicos del PJ.

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