En el escritorio se acumulan los trabajos pendientes pero nos encontramos surfeando internet sin demasiado rumbo, tal vez viendo un video sobre simpáticos gatitos o dejándonos llevar por la marea de las redes sociales. La procastinación es un hábito cada vez más difundido con las distracciones que brinda hoy en día la tecnología. Desde la ciencia, analizaron esta inclinación a postergar las tareas.

De acuerdo con el pensamiento tradicional, aún promovido por los centros de asesoramiento universitario de todo el mundo, como la Universidad de Manchester en el Reino Unido y la Universidad de Rochester en los Estados Unidos , es un problema de gestión del tiempo. Sin embargo, recientemente se difundió un nuevo enfoque sobre el tema.

Según una nota de la BBC, expertos como Tim Pychyl en la Universidad de Carleton en Canadá y su colaborador Fuschia Sirois en la Universidad de Sheffield en el Reino Unido han propuesto que la dilación es un problema con el manejo de nuestras emociones, no de nuestro tiempo. La tarea que estamos posponiendo es hacernos sentir mal, tal vez es aburrido, demasiado difícil o estamos preocupados por fallar, y para hacernos sentir mejor en este momento, comenzamos a hacer algo más, como mirar videos. Esta nueva perspectiva sobre la procrastinación está comenzando a abrir nuevos enfoques.

Una de las primeras investigaciones que inspiró la visión emocional de la dilación fue publicada a principios de la década de 2000 por investigadores de la Universidad Case Western Reserve en Ohio. Primero incitaron a las personas a sentirse mal (al pedirles que leyeran historias tristes) y demostraron que esto aumentó su inclinación a postergar haciendo rompecabezas o jugando videojuegos en lugar de prepararse para la prueba de inteligencia que sabían que vendría.

Una investigación realizada por Fuschia Sirois demostró que la dilación crónica, es decir, la inclinación a posponer las cosas a largo plazo, se asocia con una serie de consecuencias adversas para la salud mental y física, que incluyen ansiedad y depresión. Tiene estas consecuencias adversas a través de dos rutas: primero, es estresante seguir posponiendo tareas importantes y no cumplir con sus objetivos, y segundo implica retrasar comportamientos de salud importantes, como hacer ejercicio o visitar al médico.

Si la dilación es un problema de regulación emocional, esto ofrece pistas importantes sobre cómo abordarlo de manera más efectiva. Según el especialista de la BBC, lo ideal es una terapia que enseñe los beneficios de la "flexibilidad psicológica", es decir, ser capaz de tolerar pensamientos y sentimientos incómodos, permanecer en el momento presente a pesar de ellos y priorizar las elecciones y acciones que lo ayudan a acercarse a lo que más valora en la vida. En ese sentido, recomienda para la próxima vez que tengamos la tentación de posponer las cosas, preguntarnos simplemente cuál es el próximo paso. Hacer esto, aleja a la mente de sentimientos y la lleva a una acción fácil de lograr.