Lo verdaderamente esencial de la vida no suele habitar en las personas "apresuradas". Las prisas, los estados de preocupación o el miedo nublan la razón y entorpecen el camino de la felicidad. La calma lo es todo en el equilibrio psicológico. Es como un estanque sereno de aguas cristalinas. Solo cuando alcanzamos la tranquilidad mental, pensamos y actuamos con mayor claridad, acierto y armonía.

La mente y el corazón sosegados responden mejor a las dificultades de la vida. Sin embargo, alcanzar ese sentimiento, ese sutil equilibrio interior, no es algo que podamos conseguir de un día para otro. La calma es una de las competencias en materia emocional más sofisticadas y difíciles de alcanzar. La paz interna y la serenidad son impulsos para el respeto entre las personas. Se llama calma y "el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar". Porque somos, de algún modo, esa sociedad que se ha dejado atrapar por la angustia, la ansiedad y el miedo. Ninguna comunidad podrá avanzar si no es capaz de cultivar dos nutrientes básicos: la calma y la compasión.

Calma no es solo aprender a vivir con paz; es saber transitar "en paz" rodeados de crisis y adversidades. Es la que nos permite caminar con más seguridad en medio del caos, propiciando el equilibrio. Mantener la calma en pleno quiebre es fundamental para pensar con claridad y para que las emociones negativas no influyan en la toma de decisiones. El agobio y la desesperación suelen ser malos consejeros a la hora de actuar con precisión, eficacia e inteligencia.

La calma permite elegir correctamente el camino y las posibilidades de llegar a una solución satisfactoria. Clarifica el pensamiento, y puede suponer la diferencia entre acertar o equivocarnos. Ciertamente, muchas personas, frente a situaciones de presión, no responden de manera adecuada y caen presas de la ansiedad, lo cual suele implicar consecuencias nefastas para su bienestar.

El estrés normal que se puede sentir ante una situación nueva o displacentera, se puede convertir en crónico si no se hace una buena gestión del mismo. Perseverar serenos en plena crisis puede traer beneficios para la salud integral del organismo y hace que sea más fácil aislar las emociones negativas, las cuales pueden provocar una manera de actuar inadecuada o contraproducente.

Tomarse un respiro, pensar en el aquí y ahora y evitar entrar en pánico son algunas estrategias que nos pueden ayudar frente a situaciones conflictivas; además, pueden reconciliarnos con la propia vida. Se trata de encontrar esa armonía interior donde los pensamientos, deseos y capacidades logran actuar en congruencia y con sabiduría.

Las personas tranquilas son ese desconcertante punto de equilibrio en un mundo agitado. Su mirada serena, sus correctos modales y sus pies en el suelo suelen llamar la atención de los demás. Hay quien asume que tras ellos se esconde la timidez, pero en realidad, lo que subyace en este perfil es su buena actitud ante la vida y una calma interior bien trabajada.

El sentido de la vida se experimenta a través de un corazón en calma y un interior tranquilo, desde donde se aprecian mucho mejor los tesoros que nos envuelven. Silencio y calma. Friedrich Nietzsche dijo que, para encontrar la meta de nuestra existencia debemos ser capaces de ver pausadamente, pensar con equilibrio y hablar con calma. Bajar el ritmo y buscar espacios a lo largo del día donde estar en calma y en silencio. Y esto es algo que se aprende. El autocontrol nos impide desperdiciar energía emocional inútilmente y nos permite ser más asertivos. Quien no tiene calma, habita en una isla de incesante ruido donde será incapaz de tomar decisiones correctas. "El que sonríe en vez de enfurecerse, es siempre el más fuerte".

Éste es un poema del Dalai Lama: "Se llama calma y me costó muchas tormentas. Se llama calma y cuando desaparece. salgo otra vez en su búsqueda. Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar. Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar. Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría. Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar. Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar. Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar. Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar. Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad. Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar. Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar"

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Lic. Aldo Godino

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