Si hiciéramos memoria de los últimos meses, descubriríamos que los grupos en los que hemos participado son muchos. Familia, amigos, trabajo, deporte, estudio y otros más amplios. Incluimos la patria, o el país. Las relaciones funcionales entre los miembros se verán afectadas por los objetivos e intereses recíprocos y se terminarán definiendo por los vínculos de cooperación o competición para el logro de las metas.

Algunas sociedades valoran el grupo por encima del individuo, respondiendo de forma orgánica y unida ante cualquier evento o catástrofe que las comprometan. En estas culturas, el bien del todo es más importante que el bien de una parte. Asumen que cada uno se realiza con el bien del otro y de todos; nadie puede ganar cuando los demás sufren. Aquí cabe el concepto de "amae". Es un término japonés que expresa el sentimiento de asumir la benevolencia del que está al lado, la necesidad de dependencia, el hecho de apoyarse en la buena voluntad del otro, el deseo humano de ser cuidado o querido. Es el amor que rodea y sostiene al individuo dentro del grupo.

La cooperación grupal es uno de los pilares fundamentales, especialmente en situaciones difíciles o conflictivas. Se define como el resultado de una estrategia desarrollada por comunidades o instituciones que comparten un mismo interés. Métodos colaborativos que facilitan la consecución de la meta en común. Capacidad de remar todos en la misma dirección, hacer primar la solidaridad y la ayuda mutua, poniendo cada uno su granito de arena y contribuyendo con vistas al objetivo final: el bien común. Cada gesto, cada pequeño detalle, cuenta y suma. La cooperación grupal es el ingrediente más poderoso para superar con éxito las mayores adversidades.

Trabajar colaborativamente o en equipo no siempre es fácil ni tampoco un placer. Sin embargo, es el engranaje que hace mover a las organizaciones más eficientes; es ese mecanismo el que permite alcanzar metas más altas al sumar ideas, sinergias y todo nuestro potencial humano. Las personas somos seres sociales y nuestra supervivencia, como especie, ha dependido del trabajo, del ingenio y del apoyo del grupo y la aportación de cada individuo al conjunto. Y hoy siguen siendo claves esas habilidades donde la empatía, la inteligencia emocional, la comunicación o la capacidad para resolver problemas conforman un ingrediente esencial. Daniel Goleman afirmó: "El liderazgo no es dominación, es el arte de persuadir a las personas para que trabajen hacia un objetivo común".

Soñar juntos, trabajar en equipo o vivir comunitariamente va más allá de llevarse bien. Lo importante, a la hora de conformar grupos eficientes, no está en construir una buena amistad ni tampoco en limitarnos a cooperar. No es cuestión de magia; es técnica y es arte para dar forma a una experiencia altamente productiva y llena de ilusión, donde podemos dar lo mejor de nosotros mismos y alcanzar grandes metas.

Benjamin Franklin comentó: "Sé amable con todos, sociable con muchos, íntimo con pocos, amigo de uno y enemigo de nadie". Juntar las sillas y mesas en algún lugar, conectarse en una videoconferencia, no es suficiente para construir un grupo o fomentar el trabajo en equipo. Las habilidades sociales son necesarias para identificarse con la idea de cooperación. Son fundamentales, ya no solo para socialización sino para desenvolverse académica y profesionalmente en estas sociedades cada vez más abiertas, sociedades en las que priman la comunicación y el intercambio social.

"En cierta ocasión, un sultán que tenía fama de ser muy excéntrico, dio una fiesta en el palacio e invitó a todos sus amigos del reino. Éstos concurrieron al agasajo con gran algarabía y expectativas, engalanados con sus mejores vestidos y sus mejores joyas. Luego de las presentaciones, salutaciones y protocolos, los invitados fueron entretenidos con danzas exóticas y toda suerte de diversiones que disfrutaron y aplaudieron con gran entusiasmo. Pero la comida no llegaba y, a medida que pasaba el tiempo, crecía el hambre.

Cuando la situación ya se hacía insostenible, fueron invitados a pasar a una sala especial, donde estaba la comida. Allí, encontraron una gran olla, llena de sopa que despedía un aroma muy exquisito.

Los invitados comprobaron que no tenía un cucharón común para servirse sino que tenía muchos cucharones con mangos inmensamente largos. Eran los únicos elementos que había para servirse tan deliciosa comida.

Trataron de tomar la sopa directamente desde el cucharón, pues a esta altura de los acontecimientos estaban casi muertos de hambre. Pero como los mangos eran más largos que los propios brazos de los comensales, no pudieron llevárselos a los labios. Probaron y probaron sin ningún resultado.

De repente a uno de los invitados se le ocurrió tomar el cucharón de la manera usual y darle a otro invitado de comer y éste entonces comió. Cuando los demás vieron esto, comenzaron a imitarlos y así pudieron comer todos, al comprender que la única forma de alimentarse en aquel palacio era sirviéndose los unos a los otros".

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Lic. Aldo Godino

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