La evolución hacia un equilibrio de género comienza en la formación educativa, y el ámbito tecnológico no es ajeno a los indicadores: entre 2010 y 2015, las universidades públicas y privadas registraron 102.800 nuevas inscripciones en carreras relacionadas con programación. De este total el 16,02% son ingresos de mujeres y 83,98% de varones. Entre el 2010 y 2014, se inscribió 1 mujer cada 5 varones, una situación que empeoró en 2015, cuando ingresó sólo 1 mujer cada 6 varones. Así lo reveló un estudio realizado por Intal-Bid y Chicas en Tecnología en base a datos del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.

En respuesta a esta problemática, colectivos feministas, ONGs, empresas líderes del sector e instituciones educativas comenzaron a trabajar en acciones concretas para reducir la brecha de género en el campo de mayor proyección y crecimiento a nivel mundial.

De usuarias a creadoras

Tras un trabajo de cuatro de meses, la organización sin fines de lucro, Chicas en Tecnología construyó una base de datos para saber cuántas mujeres ingresaban a carreras vinculadas a la informática y cuántas egresaban en el país. Estos primeros datos resultaron fundamentales para desarrollar, estructurar y medir el impacto de nuevas políticas más inclusivas que brinden una solución a la brecha de género en el sector. Así surgieron programas e iniciativas basados en cuatro pilares: Tecnología, Educación, Liderazgo y Emprendedurismo, todos ellos atravesados por la perspectiva de género.

“Nuestros programas son libres y gratuitos para chicas en edad de secundario. Allí, crean soluciones tecnológicas con impacto social en sus comunidades transformándose en referentes y líderes. Esto lo hacen con los dispositivos que tienen o existen a disposición (como una sala de computación de una escuela o municipio, o un celular) promoviendo la sostenibilidad y sin la necesidad de conocimientos previos”, explica Melina Masnatta, cofundadora de CET.

Las mujeres tienen su propio hackaton como el maratón de diseño y tecnología que se realizó en Córdoba

Solo en el 2019, los proyectos de la ONG alcanzaron a más de 4.100 adolescentes mujeres en todo el país (82 localidades de 14 provincias) con diversos programas. Las mujeres que deciden una trayectoria formativa y laboral en carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática (CTIM) enfrentan barreras respecto a sus elecciones, basadas en estereotipos familiares y sociales que se presentan antes, durante y luego de formarse en estas áreas. Asimismo, durante los estudios de nivel universitario en CTIM, viven situaciones de discriminación que condicionan la posibilidad de desarrollar una carrera profesional con las mismas oportunidades en las posiciones de liderazgo y son considerados impedimentos para finalizar los estudios.

Acceder al mercado, un desafío

La falta de representación de mujeres en estas carreras se traslada al mercado laboral. Si bien existen diversos estudios que afirman que las empresas tecnológicas con mayor diversidad de género lideran la innovación y alcanzan un mayor rendimiento, las mujeres deben superar más dificultades para ingresar a un sector en ascenso.

“Es difícil acceder porque existe cierto inconsciente colectivo cultural respecto a la mujer, la tecnología y la ciencia, vistos como campos para hombres, sumado a cuestiones sociales y culturales como masculinidades inclinadas al machismo que generan espacios que no son de refuerzo positivo para que las mujeres se animen a estar allí”, asegura Ignacio Puig Moreno, director y co-fundador de Acámica, una empresa que se dedica a la formación en tecnología, cuya nómina de empleados está conformada por un 44% de mujeres.

En Argentina. el sector de servicios basados en conocimiento -en el cual se destaca el área de software y servicios informáticos (SSI)- representa un 6,6% del PBI, ocupa a 1.300.000 de personas y es el cuarto exportador del país.

Estrategias para reducir la brecha

Hay una creciente búsqueda por parte del sector empresarial para sumar diversidad a sus equipos. “El interés en la agenda de las empresas fue mayor en este último año, no solo porque la inversión digital en género (BID, 2019) en la región es lo que va a traccionar mayor crecimiento en la economía regional, sino también porque para competir en cualquier mercado internacional, hoy es un requisito necesario contar con talento diverso. En lo que trabajamos con las empresas, es que este objetivo sea un proceso de crecimiento continuo y sostenido en el tiempo, y no un tema de agenda o moda”, advierte Masnatta.

En agosto del 2019, Globant y Acámica lanzaron un programa que otorga 500 becas, de las cuales un 80% es destinado a mujeres. Sin embargo, esta no es la primera vez que la empresa argentina otorga beneficios a mujeres. “Desde nuestros inicios, hemos ofrecido becas parciales para mujeres y venimos colaborando desde siempre con organizaciones como Chicas en Tecnología, Mujeres en Tecnología en Córdoba, entre otras”, cuenta Puig Moreno.

La reducción de la brecha de género en tecnología implica “la participación de todos los actores del ecosistema emprendedor-tecnológico y el educativo”, asegura Masnatta y agrega: “Es tiempo de generar alianzas de valor que nos permitan generar un impacto a nivel regional”.

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