Es sinónimo de domingo distendido, de levantarse tarde, de mesa repleta de delicias dulces y saladas, donde lo huevos son protagonistas. El brunch tiene sus fans en el país y, ahora en pandemia, con los horarios cambiados y la rutina laboral en casa, tiene una oportunidad para afianzarse entre un público que lo sigue disfrutando en formato delivery. 

Desde este sábado, los amantes de este desayuno tardío tienen un nuevo incentivo adicional para probar las mejores propuestas porteñas. Llega la segunda edición de Circuito Brunchear, que se extenderá hasta el 16 de agosto y este año se traslada al hogar. Durante el evento, 20 restaurantes y cafés de la Ciudad de Buenos Aires, ofrecerán menues exclusivos con un 25% de descuento. 

Si bien acá la costumbre no está tan extendida como en otros países donde las familias o los amigos se juntan de manera casi religiosa a compartirlo los domingos o en celebraciones como el Día de la madre, se fue difundiendo a nivel local y hoy en muchos barrios hay menúes con propuestas de brunch.  "Llega a Argentina primero en los hoteles cinco estrellas. El del Alvear se convirtió en el ícono. Después se fue incorporando. Viene de EEUU que son los primeros que lo adoptaron como tendencia foodie", explica Cecilia Alvarez, de la productora GDI (Generacion de Ideas), organizadores de Circuito Brunchear y además responsables del programa Brunch en Metro 95.1, conducido por Nico Artusi, Conejo Martelli y Mariana Merlo. 

El primer bocado

Los orígenes de esta comida que se para en equilibrio entre el desayuno y el almuerzo tienen varias versiones. Según un artículo de la revista del Museo Smithsonian, algunos historiadores piensan que tiene sus raíces en los desayunos de caza de Inglaterra: lujosos banquetes de varios platos que incluían una gran variedad de ingredientes como hígados de pollo, huevos, carnes, tocino, fruta fresca y dulces. Otros afirman que el brunch dominical se deriva de la práctica de los católicos de ayunar antes de la misa y luego sentarse para una gran comida del mediodía. Y luego están aquellos que apuntan a los "diners" de Nueva York cuando se trata de rastrear los orígenes de los platos clásicos de brunch, desde huevos Benedict hasta bagels y salmón ahumado.

 La publicación menciona, sin embargo, una certeza respecto al origen de la palabra, que es mezcla lúdica de "breakfast" y "lunch": apareció por primera vez en forma impresa en un semanario llamado Hunter en 1895. Ahí, el autor británico Guy Beringer sugirió una alternativa a las abundantes comidas dominicales posteriores a la iglesia a favor de comidas más ligeras que se sirven a última hora de la mañana. "El brunch es alegre, sociable e incitante. Invita a la conversación, pone de buen humor, te hace sentir satisfecho contigo mismo y con tus semejantes, barre las preocupaciones y las telarañas de la semana '', decía Beringer, halagando la propuesta, con una simplicidad que enternece. 

La tradición se popularizó en los Estados Unidos en la década de 1930, en parte, según el Smithsonian, porque las estrellas de Hollywood que hacían viajes en tren transcontinentales con frecuencia se detenían en Chicago para disfrutar de una comida al final de la mañana. Era una propuesta promovida por los hoteles, ya que la mayoría de los restaurantes estaban cerrados los domingos y, debido a que la asistencia a la iglesia disminuía después de la Segunda Guerra Mundial, la gente estaba buscando una nueva salida social que también les permitiera dormir un poco. Los restaurantes descubrieron el nicho y comenzaron a ofrecer estos banquetes de comida y los cócteles de la mañana característicos (ver aparte).

Con acento local

Muchos años y muchos kilómetros recorridos desde ese epicentro inicial, la costumbre en Argentina prendió y sus fans no están dispuestos a abandonarla en cuarentena. 

"En promedio estamos vendiendo unos 60 brunch por semana. Hoy por hoy, con la pandemia y la cuarentena, funciona bastante bien porque al estar la gente en casa le dedican más tiempo al momento del desayuno o brunch. También lo que nos pasa muchísimo, es que compran brunch como regalo para sorprender y agasajar a sus seres queridos durante este tiempo de aislamiento", dice Emmanuel Paglayan, dueño de Ninina, uno de los locales que participará del circuito con un menú que incluye desde scons de frutos rojos hasta sandwich de salmón ahumado con palta y mascarpone en brioche artesanal y omelette con panceta crujiente y queso gruyere. Agrega: "Creo que el atractivo es que es abundante y es equilibrado porque tiene cosas dulces, saladas, diferentes texturas y sabores, incluso es perfecto para compartir por la variedad de productos que incluye". 

Por su parte, Álvarez comenta respecto a los nuevos hábitos de cuarentena: "Cambió la rutina de la gente. Todo el mundo está con horarios cambiados. Te pedís un brunch y hacés las dos comidas".

Los huevos son uno de los ingredientes que no suelen faltar en un brunch. Pero también son habituales el salmón y, cada vez más, la palta. Las versiones locales le fueron sumando una impronta autóctona con ingredientes como la salchicha parrillera. "En un mundo tan conectado creo que entre los viajes y la hotelería fuimos incorporando este hábito y haciéndolo también nuestro. Tenemos miles de ingredientes propios, en nuestro caso las 'empanabritas", describe Pani Trota, dueña de Pani, en alusión a las empanaditas de queso brie, miel y garrapiñada de girasol, que se incluirán en el menú para Cirtuito Brunchear junto al tradicional falafel con hummus de calabaza, mini tartitas de calabaza y gratín de quesos, tortas en miniatura, entre otras delicias. Como un infaltable para el brunch, menciona al queso.  

Renato Vicelli, dueño de Gontran Cherrier, otro de los locales participantes, señala: "los brunch franceses más habituales son buffet, con una enorme variedad de platos salados y dulces, frutas, bebidas calientes, jugos y muchas veces vino o champagne. En nuestro país, todavía no se impuso esta modalidad". Y apunta que, con origen en EEUU como desayuno para quienes se levantaban tarde, desembarcó en Argentina hacia el 2000. Según explica, por las dificultades que presenta esta comida en su traslado al delivery, en el caso de Gontran Cherrier fue reemplazado por combos con variedad de sabores. Incluye desde croissant parisien y pain chocolat con almendras a baguette nórdica. 

Los menúes de todos los participantes son para dos personas y el precio promedio ronda los $1200/$1500. El envío incluye sin cargo una botella de vino de la Bodega Lola Montes, porrones de Stella Artois y dos aguas Villavicencio con gas y un toque de limón. Entre los que se sumaron a la iniciativa están Le Pain Quotidien, Crisol, BFresh, Malvon, Hotel Home, La Panadería de Pablo, entre otros. Hay opciones vegetarianas y sin TACC. La lista completa puede consultarse en www.brunchear.com.ar/circuito.

"Nos parecía una buena posibilidad de apoyar al sector y de darle un evento inhouse a la gente. No hay nada para hacer, no hay nada distinto. Los lugares se sumaron y empezaron rapidamente a acomodarse para hacer delivery", comenta Álvarez sobre este evento que esta vez se disfruta en modo hogareño.  

Los cócteles matinales para brunch

De la Mimosa al Bellini, hay cocteles que no son muy habituales en otros momentos pero están muy ligados a la tradición internacional del brunch. En general, suelen ser frutados y más bien ligeros en términos de alcohol. La lista incluye al Bloody Mary, más popular, con tomate y picantito para algunos es la cura para la resaca; la íconica mimosa que lleva triple sec, orange juice y champagne, ideal para ánimo festivo; lemon drop (con vodka, triple sec y limón); y el Bellini, pariente de la mimosa que lleva Prosecco y néctar de durazno, entre otros. Se suman a un abanico de bebidas sin alcohol como jugos, smoothies y la clásica limonada. 

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Paula Boente

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