Chaplin afirmaba que "lo realmente importante es luchar para vivir la vida, para sufrirla y para gozarla, perder con dignidad y atreverse de nuevo. La vida es maravillosa si no se le tiene miedo".

Hay ocasiones en las que hemos querido producir un cambio o elegir un determinado rumbo, aunque a menudo ha sido sólo una intención. Se produce cierta dificultad para tomar decisiones, no somos capaces de comenzar, permanecemos en la zona de confort siendo conscientes de que no nos viene bien seguir ahí.

De repente alguien se levanta un día y siente que ése es el momento para dar el paso, que está preparado para afrontar la situación. Se siente listo para realizar el cambio que necesita; momento de atreverse, de arriesgarse con todas las consecuencias. Pero, ¿por qué no se atrevió a comenzar antes?

El fracaso, la equivocación, implican miedo y la consecuencia más clara es, sin duda, "no atreverse a hacer, no tomar decisiones para eliminar potenciales riesgos": una carrera universitaria o elegir una salida profesional, seguir en pareja o separarse, mudarse a otra ciudad o no. El miedo puede llevar a aplazar definiciones para más adelante. En realidad, esto es una trampa. Al posponer, el miedo no disminuye, sino que, por el contrario, aumenta. Es mejor siempre poner una fecha razonable y comprometerse a cumplirla. El miedo a dar el primer paso es uno de los factores que sabotean nuestros sueños.

Es muy probable que el hecho de no arriesgarse pueda limitar nuestras decisiones y como consecuencia, nuestras acciones. Solo necesitamos un empujón para dar el paso, impulso que cada uno tiene que dárselo. Martin Luther King decía: "Solo da el primer paso y el resto del camino irá apareciendo a medida que camines". Si emprendemos el camino, lo más probable es que terminemos dándonos cuenta de que éramos más capaces de lo que creíamos en un primer momento.

Muchas veces, son algunos "finales" vividos quienes no nos dejan imaginar un nuevo comienzo. Es como una historia que ha acabado pero sigue inconclusa. Deberíamos recuperar los aspectos positivos que hemos recibido a través de aquello que ya no puede continuar. No es cuestión de empezar de cero la vida, sino transitar con la madurez adquirida de la experiencia anterior; historias que deben empezar con una gran mayúscula.

No podemos quedarnos parados, mirando al infinito, hablando y esperando que todo llegue solo, porque eso no sucede. Si de verdad tenemos un proyecto en nuestra vida, que deseamos por todos los medios ver cumplido, nunca lo dejemos quieto ni permitamos que se detenga, porque al final solo será una frustración más que producirá una herida en nuestra mente y en nuestro corazón.

Quien no actúa, no se equivoca, pero tampoco gana. Beethoven decía: "Actúa en vez de suplicar. Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Sólo así podrá cumplirse tu particular destino". Porque nada llega por casualidad, todo requiere esfuerzo. La inacción y el inmovilismo no tiene premio alguno más que el miedo. Vivir siempre recluido, huyendo de cuanto es grande, no atrae en absoluto la grandeza, la felicidad y el orgullo de haber logrado tu objetivo.

Estar motivado no es sentir una magia poderosa que nos lleva a actuar repentinamente ni una inspiración divina que nos inunda. Es simplemente desear hacer algo. No es que tengamos que estar motivados, sino más bien comprometidos con lo que queremos. Es momento de abandonar la sala de espera de la motivación y dar el paso para comprometernos con nuestro objetivo. Solo así, aparecerán esas ganas que tanto deseamos y que de alguna manera nos impulsan a conseguir nuestros sueños.

"Era una familia que había tenido la suerte de nacer con alas. Los únicos en el pueblo con ese don. Cuando el hijo se hizo grande , el padre le dijo : -Hijo mío , no todos nacen con alas , y si bien es cierto que no tienes la obligación de volar, es una pena que no las uses. -Pero yo no sé volar, contestó el hijo. -Ven conmigo que te enseñaré.

Lo llevó hasta el borde del abismo y le dijo : -Ves este vacío? Cuando quieras podrás volar, sólo debes pararte aquí , respirar profundo y saltar al abismo; una vez en el aire, extenderás tu alas y volarás.

El hijo dudó : -¿Y si me caigo ? -Aunque te caigas no morirás, sólo algunos golpes, que te harán más fuerte.

El hijo volvió al pueblo y les contó a sus amigos. Ellos le dijeron que estaba loco, que para qué correr ese riesgo, qué necesidad había de volar si con caminar bastaba. Los más inteligentes le propusieron que, para empezar, comenzara por una altura pequeña; si se caía no ocurriría nada. El muchacho llevó una escalera hasta la rama de un árbol y a la vista de todos probó. Cayó al suelo justo en el momento en que pasaba el padre. Enojado lo interpeló : -Me has mentido. No puedo volar, mira el golpe que me di. Mis alas son de adorno.

El padre le dijo: -Para volar hay que crear espacio libre; necesitas cierta altura para que se desplieguen las alas. Para aprender a volar hay que comenzar por correr el riesgo; si uno no quiere hacerlo, será mejor que se conforme con seguir caminando para siempre".

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