Disminuir el congestionamiento del transporte público y su huella contaminante ya no parece imposible ni tan lejano. Gracias al fuerte impulso generado por las nuevas demandas ciudadanas y el retorno al uso cotidiano de las bicicletas en el país, otras opciones de micromovilidad urbana llegaron para quedarse. El impacto en la calidad de vida, la eficiencia, el uso del tiempo y la comodidad, las claves.

Clásico renovado

El uso de la bicicletas volvió a ser costumbre en el paisaje urbano de todas las grandes ciudades, ya sea propia o comunitaria. Un estudio realizado por TrialPanel, consultora de Investigación de mercado, para conocer los hábitos y elecciones de los medios de transporte sustentables para desplazarse por Buenos Aires reveló que un 60% de los consultados posee una bicicleta propia y de los que no poseen, 39% está evaluando comprar una. Entre quienes sí las utilizan, el 49% lo hace con el objetivo de ejercitarse, mientras que un 26% las usa como medio de transporte y un 52% para distracción. Además el 50% de los usuarios dice tener una frecuencia mínima de uso de 3 veces por semana.

Del furor por las bicicletas convencionales como medio de transporte rápido, económico, práctico y eficaz, surgió un nuevo fenómeno: el modelo eléctrico.

A pesar de que ya lleva mucho tiempo entre nosotros, esta variante a motor sumó un considerable número de adeptos que encuentran en ella la respuesta a todos los problemas que supone el transporte en una ciudad caótica.

Aún así, demanda ciertos cuidados por parte del conductor. Al ser capaces de alcanzar una velocidad mayor que la de las bicis convencionales, requieren de algo de práctica antes de ser utilizadas por las calles de CABA. Además, dado su tamaño y peso, las bicicletas eléctricas no son aptas para cargarlas en un viaje combinado con otro medio de transporte.

Monopatines, el nuevo suceso

Así como la bicicleta volvió a convertirse en varias ciudades de Latinoamérica y el resto del mundo en uno de los medios de transporte más utilizados, la demanda abrió un espacio para otras innovaciones, así llegaron los monopatines eléctricos al negocio.

CABA, San Isidro, Mendoza, Rosario, Río de Janeiro, San Pablo, Florianópolis, Curitiba, Porto Alegre, Santos, Bogotá, Santiago de Chile, Montevideo y Lima son los primeros en la región donde ya es posible alquilar estos dispositivos eléctricos ideales para trasladarse en distancias cortas. Una de las principales ventajas de estos aparatos es que casi no requieren de práctica para conducirlos. Solo hay que subirse, activarlos y dirigir el manubrio.

 Los monopatines del nuevo milenio son totalmente eléctricos, y requieren de recargas a través de una fuente de energía, volviéndose un medio de transporte ecológico. Sin embargo, no disponen de ningún sistema mecánico auxiliar como las bicis eléctricas. Por lo tanto, su autonomía depende de la capacidad de la batería. De acuerdo a modelo, se pueden recorrer entre 10 y 50 km.

Desde su desembarco en el país, en mayo de este año y de la mano de GRIN, los monopatines fueron bien recibidos por los transeúntes de Capital Federal, motivo por el cuál planean expandirse en breve a otras ciudades.

Los primeros datos que existen revelan el impacto que estos servicios tienen. En su primer mes en funcionamiento se realizaron 12 mil viajes y se recorrieron 10 mil kilómetros. El viaje promedio de uso es de 10 a 12 minutos (se alquilan por minuto), mientras que la cantidad de usuarios superó los 5.000 en solo 30 días.

Esta tendencia en aumento disparó a su vez la venta de monopatines. Aquellos que estén pensando en adquirir uno para moverse por la ciudad deberán desembolsar entre $8.000 y 25.000, un monto que se amortigua al compararlo con el costo de la nafta -y sus efectos al medio ambiente- y el presupuesto de viajes en transporte público.

El segway (parecido a una patineta) por ahora no alcanza una cantidad considerable de usuarios fuera de EE.UU.

El estudio de TrialPanel, realizado a residentes de CABA y GBA mayores de 18 años, advierte que tanto la bicicleta como el monopatín ya son considerados como alternativas viables a los colectivos, subtes y taxis. El 40% de los consultados cree que ambas opciones lograrán reemplazar el transporte público, mientras que un 33% no lo cree y un 27% no lo sabe.

El éxito de estos artefactos en Francia es tal que las calles parisinas fueron invadidas por los monociclos eléctricos. Se estima que hay al menos 15.000 monopatines y que para fines de diciembre la cifra alcanzará los 40.000.

Pero el espectáculo de los monopatines ya no es visto únicamente como un medio de transporte ecológico, deportivo y fácil de alquilar” sino como un generador de nuevos problemas en el tránsito. Dado que en un principio no existía ningún tipo de regulación, el caos generado por los usuarios que se desplazaban por cualquier espacio desbordó a las autoridades y culminó en accidentes. Uno de ellos resultó fatal cuando una joven de 25 años fue impactada por un camión.

A raíz de estos episodios se emitió una ley que permite multar a quienes circulen con ellos por veredas (con 135 euros) o lo estacionen en cualquier lado (35). Un primer paso en la regulación de estos nuevos medios de transporte.

“Para GRIN la seguridad es prioritaria”, comentó Iván Amelong, Country Manager de la empresa en Argentina. “Mediante diferentes canales de comunicación realizamos campañas de educación vial destinadas a crear conciencia sobre el uso correcto de nuestros servicios de transporte. Queremos hacerlo de manera ordenada y respetando las normas establecidas por las autoridades de Ciudad de Buenos Aires”, aseguró.

Moda pasajera

Entender cómo funciona un segway requiere de varios minutos. Esta especie de patineta con motor eléctrico se mantiene en equilibrio gracias a sus sensores de inclinación que se activan al moverse hacia adelante, atrás o a los lados (un movimiento que lleva su práctica).

Su peso, de más de 50 kg, restringe mucho su uso en las ciudades, por lo que no alcanzó aún una cantidad de usuarios considerable por fuera de EE.UU, donde hace ya más de un año logró conquistar al público. En muchos países no está claro si se pueden usar ni dónde. En Praga, por ejemplo, está prohibido su uso. Solo el tiempo dirá si el segway tendrá el mismo destino de su primo hermano, el monopatín.

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Jimena Golender

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