La pandemia fue un mal paso para la moda mundial. Mientras intenta volver a ponerse de pie, la industria acelera un giro de rumbo. Entre la reflexión y la supervivencia, las marcas buscan devolver el brillo a las pasarelas pero bajo una nueva luz.

Cuidado del planeta, escucha del consumidor, abandono del calendario exigente de colecciones y virtualidad son las ideas que se escuchan más fuerte en boca de los grandes referentes globales. No todas son nuevas. Algunos de estos conceptos ya venían resonando y ahora parecen catapultarse al centro de la escena. 

 "La moda no es ajena a los paradigmas sociales de cambio. Esta pandemia habilitó algo latente: el cuestionamiento de la propia moda a su sistema de consumo frenético", destaca Turquesa Topper, coordinadora académica de la Facultad de Arquitectura y Diseño de UADE. Explica que el concepto comprende no sólo la industria del vestir sino también la gestión de lo social y lo estético en un sentido amplio.  "Se terminó de redefinir qué será la moda y el lujo. Pareciera que el lujo, más que estar vinculado a la ostentación de la posesión, va a estar ligado a ciertos principios éticos. Las grandes marcas ya han revisado esto. Es una tendencia que se venía dando y ahora entró en una atomización de un nuevo consumidor que no puede contemplar el consumo por fuera de una dimensión etica", agrega, especificando que esto probablemente está más vinculado al consumo del lujo que a la moda en general. Al respecto, la especialista menciona el término sueco Köpskam, que apunta a la vergüenza por comprar más ropa de la que necesitamos. 

La industria de la moda es altamentente contaminante. Según indica una nota de la BBC, produce alrededor de 1.200 millones de toneladas de emisiones de carbono al año y durante algún tiempo ha estado bajo una enorme presión para volverse más sostenible. "Creo que es una oportunidad para que todos miremos nuestra industria y nuestras vidas, y reconsideremos nuestros valores y realmente pensemos en el desperdicio, la cantidad de dinero, el consumo y el exceso que tenemos", dijo la  mismísima Anna Wintour, tradicional editora de Vogue. Y destacó que la industria se tendrá que "desacelerar" para que la gente pueda "disfrutarla mucho más" sin estar siempre buscando la próxima novedad.

Con locales cerrados y fábricas frenadas durante meses por el contexto, en plena "crisis existencial" grandes referentes del sector salieron en estos meses a plantear sus reflexiones sobre cómo imaginan la actividad tras el paso aniquilador del Coronavirus.  Uno de los discursos más estridentes fue el de la casa Gucci, que alzo la bandera de cambio, buscando delinear nuevas reglas.  El responsable exclusivo de la firma, Alessandro Michele, anunció que de las cinco presentaciones anuales de la marca, solo se harán dos y de manera virtual. "Abandonaré el desgastado ritual de las temporadas y los espectáculos para recuperar una nueva cadencia, más cercana a mi llamada expresiva", anunció en una carta cargada de emotividad. La marca lanzó su colección "Off the Grid", neutral en cuanto al género y con foco en materiales que preserven el cuidado del medio ambiente. 

Desde hace un tiempo el imperativo de las colecciones periódicas venía perdiendo popularidad. Saint Laurent (que hace unos meses anunció su salida del calendario de presentaciones) y Armani se habían manifestado en sentido similar. El rechazo parece ahora subrayarse. "Es un fenómeno cultural que revisa la temporalidad constantemente. Esta idea de las temporadas, que ya era una idea desacreditada, está reanalizando las tipologías y los dispositivos con los que exhibe", explica Topper. 

Pasarelas etéreas

Las limitaciones de las cuarentenas en el mundo obligaron también a recurrir a la creatividad para reimaginar los clásicos desfiles. Prepondera la virtualidad y las presentaciones al aire libre. Las semanas de la moda se mudaron a la web, incluso las más emblemáticas como la de Milán, Paris y Londres. En ese sentido, la que hizo punta fue la Semana de la Moda de Shanghái que se trasmitió a través de Tmall, uno de los marketplaces de Alibaba Group, y Taobao Live. La opción digital trae el beneficio de llegar a un público más amplio. Pero muchos aseguran que no será el fin de las pasarelas presenciales. 

También despuntan formatos no habituales. Pyer Moss prepara un evento de moda estilo auto cine, programado para llevarse a cabo durante la semana de la moda de Nueva York en septiembre. Incluirá la proyección del documental "American, Also" sobre el trabajo de la casa de moda.

En tanto, Louis Vuitton, una de las marcas que se involucraron activamente con la pandemia prestando sus talleres para fabricar barbijos, presentó su línea masculina de una manera muy especial a través de cortometrajes animados que simulaban el viaje de la colección desde París hasta Shanghai. Pasando después de lo virtual a lo real, el 6 de agosto las creaciones llegaron -literalmente- al puerto de Shanghai y se desplegó un gran espectáculo. El evento fue transmitido en vivo mediante las redes sociales de la casa de lujo francesa. Una idea de cómo funciona el mix de las dos opciones. El director creativo de la marca, Virgil Abloh, anunció además que la moda masculina de Louis Vuitton en lo sucesivo será reciclada e itinerante. 

La incidencia de la virtualidad se da, por supuesto, también en la fuerza que ganó el ecommerce. Muchos vaticinan el cierre inminente de locales chicos y la permanencia de las tiendas más grandes y emblemáticas (flagship stores). "Creo que la presencia de lo digital va a persistir y convivir con otras experiencas de lo visual. Hay puntos de venta y también ciudades que son íconos de la moda y de la exhibición. Creo que habrá un fomento a la expectativa desde lo virtual y una consagración en lo presencial en el punto de venta", destaca Topper. 

Sobre el tablero

Como sucedió en otros grandes eventos de la historia de la humanidad, la pandemia dejará su marca también en las propias prendas creadas. El estilo escapista de los años treinta y cuarenta se originó en una época de agitación política e incertidumbre futura. El "new look" de fines de los 40, creado por Dior, revolucionó el mundo de la moda tras la Segunda Guerra Mundial. 

No está claro el efecto que tendrá el Covid. Algunos hablan de la preferencia por la moda nostálgica como forma de escapismo, la integración de las prendas «homewear» o "loungewear" (la comodidad del jogging podría permanecer), el regreso al minimalismo. Otros muestran la tensión de los sentimientos cambiantes de estos tiempos, deambulando entre la oscuridad del trauma y la euforia de la fiesta. 

"La moda es permeable para incorporar lo animico de una temporalidad. Se generó una articulación genuina en la sintásis de conjunto. Van a coexistir tendencias de imagenes de hermetismo, de la tecnología, de conservación, con otras de expansión, de humanidad, de necesidad de lo táctil", detalla Topper. 

Regional y local

 

En nuestro país, y en América Latina, la industria está acorralada por lo urgente. Sobrevivir se antepone. “Problemas de abastecimiento, caídas de ventas y suba de precios atraviesan los distintos eslabones de la cadena de la moda argentina”, destaca la última edición del Semáforo de la Moda Argentina lanzado por la Cámara de la Indumentaria.

La especialista de la UADE señala: “Primero habrá que ver cómo pudieron subsistir las marcas”, aunque no descarta que, en la porción de la sociedad que puede comprar se dé un primer momento de hiperconsumo tras la pandemia. A nivel creativo destaca la oportunidad de un trabajo de lo natural, lo folklórico y de la identidad genuina, en un sentido referido por la pronosticadora Lidewij Edelkoort.

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Paula Boente

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