La soledad es uno de los males que acecha a la sociedad contemporánea en todo el mundo. Es una de las grandes paradojas de la era de la hiperconexión y afecta especialmente, aunque no de manera excluyente, a los adultos mayores. Hace algunos años un informe advertía que esa condición es tan perjudicial para la salud como fumar 15 cigarrillos al día o tener un sobrepeso grave.

En algunos países, las autoridades decidieron tomar cartas en el asunto. En Inglaterra, hace dos años llegó incluso a crearse un Ministerio de la Soledad para lidiar con una problemática que afecta a 9 millones de personas en ese país (el 13,7% de la población total).

Ahora en Suecia surgen otras iniciativas. En ese país nórdico, la soledad se está viendo como un posible problema social y de salud también para los jóvenes y genera cada vez más debate. Al igual que en el Reino Unido y los Estados Unidos, este grupo de edad ahora ha superado a los ancianos como los que corren el mayor riesgo de estar solos.

Así, surgió un experimento de vida colectiva en Helsingborg, una pequeña ciudad costera en el sur de Suecia, según describe un artículo de la BBC. Conocido como Sällbo (que combina las palabras suecas para compañía sällskap y vida bo), el proyecto pide a todos los residentes del complejo de vivienda que firmen un contrato que prometen pasar al menos dos horas a la semana juntos. Poco menos de la mitad de los inquilinos son jóvenes menores de 25 años, y el resto son jubilados. La mayoría viven solos, aunque algunos se mudaron como parejas o con sus mascotas. El plan, que se lanzó en noviembre de 2019, está dirigido por una empresa de vivienda financiada por el ayuntamiento.

El alquiler es similar al que se paga en otras partes de la ciudad, pero en Sällbo, además de tener sus propios pisos individuales, los inquilinos también tienen acceso a múltiples áreas llamadas de "unión" diseñadas para promover sus interacciones con los demás. Hay un gimnasio, una sala de yoga y varias cocinas comunitarias. Un estudio de artes y oficios y una biblioteca. La sala de "unión" se convirtió en un lugar de referencia para los juegos de cartas semanales de los que participan por ejemplo Fia Stegroth (de 20 años) y Gunnel Ericsson, de 86 años.

El objetivo original del proyecto era mejorar la calidad de vida de los residentes mayores como Ericsson, que carecían de interacciones diarias. Pero una vez que el equipo comenzó su investigación, se dieron cuenta de cuánto podrían beneficiarse también muchos de los inquilinos más jóvenes.

La iniciativa también espera mitigar algunos de los efectos más negativos de la tendencia mundial a la digitalización, como pasar cada vez más tiempo en línea, jugar o en las redes sociales.