Una artesanía, un llavero, un muñequito, un imán, una postal aunque sea. Todos queremos llevarnos a casa algo que nos traiga a la memoria las vivencias de los viajes, retener un pedacito de ese lugar disfrutado en las vacaciones.

Entre las múltiples opciones que compiten en los stands de las ferias de artesanías y empalagan la vista en las regalerías turísticas, algunos objetos se coronaron como souvenirs típicos hasta transformarse en sinónimo de su país.

A la hora de conmemorar su viaje, siete de cada diez de los viajeros argentinos declaran que les gustan los souvenirs, ya que les traen buenos recuerdos. Sin embargo, casi un tercio admitió que no les termina dando el uso que pensó al momento de la compra o incluso quedan olvidados en algún lugar de su casa. Así lo indica un informe de Booking que apunta que la mitad de los encuestados expresó que compra souvenirs en sus viajes y en su mayoría (44%) lo hace para regalar y para sí mismo. Además, los souvenirs son bien aceptados: a tres cuartos de los argentinos (75%) le gusta recibir este tipo de regalos por parte de amigos o familiares.

Los souvenirs son anteriores al turismo moderno. Hacia el año 700 a.c. en Grecia, el propio Homero relata en su Odisea cómo Ulises iba recopilando regalos-recuerdos de sus fantásticos viajes. Más tarde, en el siglo I d.c., fue el artesano romano Caius Valerius Verdullus quien descubrió un gran negocio con los vasa potoria, los únicos vasos que cumplían una doble función: servían para beber y también resultaban perfectos para guardar como recuerdo. Fueron plasmando con el tiempo esa extraña combinación de fetichismo y nostalgia.

En Argentina, hay clásicos. En temporada de verano, la costa atlántica es el destino por excelencia y emporio de adornos kitsch inquietantes diseñados con caracoles y piedras, por ejemplo. Entre ellos, el regalo más llamativo y tradicional es la “virgencita del clima”, que cambia de color para anunciar si va a llover o el día estará soleado. Adopta también formas menos celestiales como lobomarinos y delfines. El misterioso mecanismo de estas figuras responde a un elemento: gel de sílice, una forma granular y porosa de dióxido de silicio fabricado sintéticamente a partir de silicato sódico. Por su porosidad reacciona al agua. Se decolora variablemente del azul al rosa de acuerdo con la cantidad de humedad absorbida, indicando así la variación de humedad en el ambiente. Además de mostrarnos si va a llover se utiliza para embalajes a prueba de humedad medicina y en productos de cuero, entre otros usos.

Por el mundo

Inspirado en la historia de un peregrino gallego que se dirigía a Santiago de Compostela, el popular “Gallo de Barcelos” es hoy en día uno de los símbolos de Portugal e imagen de marca que está presente en todas las tiendas para turistas del país. Con su cuerpo de color negro, una ostentosa cresta roja y una variada y colorida decoración, la figura se inspira en un leyenda del siglo XVI, que cuenta que un peregrino gallego que se dirigía a Compostela fue acusado, a su paso por Barcelos, de un crimen que no había cometido y fue condenado a la horca. En una apelación final, pidió una reunión con el juez que dictó la condena y que le recibió cuando se disponía a comer un gallo asado. El imputado juró que, como prueba de su inocencia, el gallo se levantaría del plato y cantaría. El magistrado no le creyó, pero cuando el preso iba a ser ahorcado, el gallo se levantó y cantó. Comenzó a usarse como símbolo de Portugal en la década del ‘30. Hoy, en algunas versiones, se vende con un sistema que predice el clima con el mismo mecanismo que la virgencita local.

El gallo de Barcelós se convirtió en símbolo de Portugal

Quien regresa de Egipto, tal vez traiga un escarabajo de la suerte azul o turquesa. En el Antiguo Egipcio, este coleóptero era considerado un símbolo de protección contra las enfermedades y la muerte, y en la actualidad, es un auténtico amuleto.

Otra figura animal que se popularizó en todo el mundo pero es originaria de Japón es el Maneki-neko, en la traducción “el gato que invita a pasar”. Se trata de un felino de raza bobtail que levanta su pata a modo de bienvenida. Suele ser tricolor y existen diversas leyendas relacionadas con su origen, la más conocida indica que nació en el templo Gotokuji, en Tokio, que en el siglo XVII era muy pobre y tenía serios problemas económicos. El monje que lo habitaba, que ya era un anciano, compartía la escasa comida que tenía con su gata, Tama. Un día, un señor feudal de gran fortuna, fue sorprendido por una tormenta mientras cazaba. Este poderoso hombre se refugió en un árbol cerca del templo y, mientras esperaba a que cesara la tormenta, vio una gata de color blanco, negro y marrón que le hacía señas para que se acercara. El hombre bajó del árbol para observar a la gata, justo cuando cayó un rayo entre las ramas. Agradecido por haber salvado su vida, el hombre donó al templo campos de arroz y tierras de cultivo.

Las mamushkas pueden haberse inspirado en muñecas de Japón.

“Contra el mal de ojo... el nazar boncuk “, conocido como ojo turco. Se trata de un amuleto muy común en Turquía -también en Grecia-, cuyos orígenes se remontan a más de tres mil años, y que cuenta, según las creencias, con el poder de ahuyentar a las fuerzas del mal. Resulta casi imposible determinar su origen, aunque se sabe que el «mal de ojo” era temido ya por los antiguos sumerios, hititas, egipcios y babilonios Tiene forma de gota aplanada con círculos concéntricos de colores azules.

De Jordania se vuelve con botellitas de arena con dibujos de colores de paisajes del desierto, a la vuelta de Panamá se trae sombrero y de Paris, algún llavero o estatuita de la Torre Eiffel. Las mamushkas de Rusia (nacidas en 1890 y que en realidad podrían haber estado inspiradas en muñecas similares traídas de Japón), el collar Manaia de Nueva Zelanda que representa a un mensajero entre los vivos y los muertos y el Cornicello de Nápoles, cuerno rojo que protege contra el mal de ojo, son otros de los objetos que se pueden coleccionar en viajes por el mundo.

Los souvenirs favoritos de los argentinos, según la encuesta de Booking, son las artesanías (35%), los alfajores (32%), los adornos (22%), los imanes (17%) y las remeras (16%). Para recordar aquel verano soñado al abrir la heladera o desempolvar los estantes.

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Paula Boente

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