El significado de guardar los dibujos de los hijos, según la psicología
Una costumbre familiar que puede tener un fuerte valor emocional con el paso del tiempo. Los detalles, en la nota.
Durante la infancia, los chicos producen una enorme cantidad de dibujos, manualidades y pequeñas creaciones. Algunas terminan en la heladera, otras quedan dentro de una carpeta y muchas directamente se guardan en cajas para volver a mirarlas años después.
Para los padres, sin embargo, esas hojas no siempre representan simplemente un dibujo. Con el tiempo pueden transformarse en recuerdos concretos de una etapa familiar que ya quedó atrás.
Cuando un dibujo se convierte en un recuerdo
La llegada de un hijo modifica las rutinas y también da lugar a nuevas costumbres dentro de la familia. Fotografiar momentos cotidianos, conservar determinados objetos o guardar las primeras producciones de los chicos forman parte de esos rituales.
Desde la psicología positiva, conservar este tipo de recuerdos puede relacionarse con la posibilidad de mantener presentes emociones agradables y vínculos afectivos.
El valor no está necesariamente en aquello que se conserva, sino en todo lo que ese objeto representa. Un dibujo infantil puede recordar una edad determinada, una etapa de crecimiento o una situación compartida entre padres e hijos.
El precio no determina el valor de un objeto
Esta relación entre las pertenencias y los recuerdos fue analizada en un estudio realizado en 1981 por el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi y el sociólogo Eugene Rochberg-Halton.
Los especialistas estudiaron qué importancia tenían distintos objetos dentro de los hogares y observaron que los elementos considerados más valiosos no tenían por qué ser los más caros.
En muchos casos, su importancia estaba vinculada con las experiencias y los lazos emocionales asociados a ellos.
Por eso, una fotografía familiar, un regalo realizado a mano, una reliquia o un dibujo de un hijo pueden ocupar un lugar especial aunque carezcan de valor económico.
Una forma de conservar una etapa que pasa rápido
La infancia cambia constantemente. Los chicos crecen, aparecen nuevas experiencias y determinadas situaciones dejan de formar parte de la vida cotidiana.
En ese contexto, guardar algunas de sus creaciones permite mantener un registro tangible de esos años. Una hoja que permaneció guardada durante mucho tiempo puede recuperar un significado especial cuando vuelve a aparecer.
Al abrir una caja y encontrarse con un dibujo realizado años atrás, por ejemplo, pueden reaparecer recuerdos relacionados con aquella etapa de la vida familiar.
El papel sigue siendo el mismo, pero la persona que lo observa puede asociarlo con un momento que ya no existe de la misma manera.
La nostalgia también influye
La conservación de estos recuerdos también puede vincularse con la nostalgia. Volver a encontrar objetos relacionados con el pasado puede despertar emociones y traer nuevamente a la memoria situaciones vividas.
Un estudio publicado en 2019 analizó justamente el vínculo entre nostalgia y bienestar. Allí se describió a la nostalgia como una experiencia compleja, aunque con un componente predominantemente positivo.
Desde esta perspectiva, los dibujos guardados durante años pueden funcionar como vehículos para recuperar recuerdos y emociones relacionados con el crecimiento de los hijos.
El verdadero significado está en lo que representan
Un dibujo infantil puede ocupar apenas una hoja, pero su importancia puede cambiar con el paso del tiempo. Para quien lo conserva, quizás represente mucho más que los colores o las figuras que aparecen sobre el papel.
Las creaciones de los chicos pueden convertirse en una manera concreta de mantener presentes determinados momentos de la vida familiar, especialmente aquellos vinculados con su crecimiento.
Por eso, guardar esos trabajos no necesariamente responde solo a la nostalgia. También puede estar relacionado con el valor emocional que adquieren los objetos cuando quedan asociados a personas, experiencias y momentos significativos.


