Kissa bar: los bares para escuchar música son tendencia
Historia de estos locales nacidos en Japón que fueron conquistando distintos países y ya tienen varios exponentes en Argentina. Seducen a la generación Z con sus melodías y pausa.
El silencio se está convirtiendo en un lujo en este mundo tan sobregirado de estímulos. El tiempo lento y la pausa, también. Algo de esa necesidad de refugio de la vorágine está seguramente empujando a los jóvenes a cruzar el umbral de los kissa bar, listening bar, bares para escuchar música. Son verdaderos templos de devoción al sonido de alta fidelidad, espacios donde la música no es acompañante de fondo sino protagonista.
Nacidos en Japón hace un siglo, los llamados ongaku kissa hoy conquistan a las nuevas generaciones que, en algunos casos, están cambiando la salida a la disco por esta opción. "Los aficionados a la música de la Generación Z ahora evitan las discotecas en favor de actividades más tranquilas. En un mundo inundado de ruido, los veinteañeros cambian las salas de baile por bares para escuchar música. En estos minimuseos de la música, los clientes disfrutan tranquilamente de un café o un cóctel mientras el dueño selecciona la banda sonora con su propia colección de vinilos", señala una nota de la revista del Smithsonian que repasa la historia de estos sitios sagrados para melómanos.
Buenos Aires ya se subió a la tendencia. Las propuestas empezaron tímidamente hace un par de años y se sumaron nuevas opciones en los últimos meses. Reconocidos bartenders, como Pablo Piñata o Fede Cuco, participan como dueños de los locales o en el diseño de las cartas. Los proyectos se inspiran en bares de escucha de Nueva York, Berlín, Londres y kissa japoneses clásicos. Una novedad que está conectando con el público. "La música recorre jazz, funk, soul, downtempo, ambient y clásicos del rock & pop; entrelazados con sonidos locales, con una curaduría cálida y orgánica. Cada sesión busca ser un ritual, un viaje íntimo pensado para quienes disfrutan el arte de escuchar", señalan los responsables de una reciente apertura en Palermo.
El origen lejano
Los primeros listening bars, ongaku kissa o también conocidos como Jazz Kissa, se crearon hace 100 años en Japón. Los clientes tomaban café mientras sonaba música clásica europea por altavoces de alta fidelidad. Durante la década de 1970, los cafés para escuchar música, que ahora incluían jazz y rock and roll, parecían haber alcanzado su apogeo. Pero en los últimos años, el fenómeno se globalizó.
Durante todo ese tiempo, se dieron altibajos. A finales de los años 20 y principios de los 30, el concepto despegó: mientras Japón se encaminaba hacia la Segunda Guerra Mundial, albergaba a unos 80 kissa, la mayoría en Tokio. Sin embargo, durante el conflicto, los cafés para escuchar música prácticamente desaparecieron.
"A finales de la década de 1930, la policía militar confiscaba o destruía los registros de muchos de estos lugares", afirma, citado por el Smithsonian, el documentalista Nick Dwyer , residente en Tokio , quien dedicó 10 años a investigar el ongaku kissa para A Century in Sound (2024). Los propios edificios también estaban amenazados. El León de Meikyoku Kissa, uno de los primeros y más famosos, fue demolido en 1945 durante el bombardeo de Tokio pero fue recostruido y ampliado años después.
La pobreza era generalizada en Japón después de la guerra. Los álbumes de vinilo y los equipos de sonido eran lujos que la mayoría de los japoneses no podían permitirse. Sin embargo, cuando las fuerzas estadounidenses abandonaron Japón en la década de 1950, resurgió el ongaku kissa. Las pilas de vinilos que dejaban los soldados estadounidenses y que se vendían en mercados callejeros se reproducían en equipos de sonido fabricados con circuitos impresos desechados del ejército estadounidense.
"Con el tiempo, cada tipo de música, ya fuera rock o tango argentino, tuvo su propio kissa. Eran a la vez lugares de aprendizaje, lugares de sanación y lugares de culto, según afirma Dwyer", publica la revista del prestigioso museo, haciendo alusión a nuestro género musical emblema.
En su apogeo, a mediados de la década de 1970, había alrededor de seiscientos jazz kissa operando en Japón. Los cambios tecnológicos fueron impactando la vida de estos espacios. En la década de 1980 se produjo de nuevo un salto en el acceso a los equipos de audio personales. Pero los jazz kissa se convirtieron en algunos de los pocos lugares que quedaban para escuchar jazz a partir de discos de vinilo originales.
Desde esos orígenes remotos fueron expandiéndose por el mundo y hoy están en la mayoría de las grandes capitales. Proponen una experiencia íntima de silencio y escucha atenta, acompañada de buena coctelería (o a veces de café). Un respiro nostálgico frente al bullicio moderno.
Clásicos y de marcas
Las marcas de lujo también los han adoptado. En 2025, la marca de diseño de moda italiana Valentino abrió un bar de escucha emergente durante el verano en su tienda de Madison Avenue. En tanto, Virgin Hotels London-Shoreditch lanzó su nueva sala de escucha revestida de vinilo, Hidden Grooves. Incluso el propio Smithsonian se sumó a la vanguardia. Los visitantes del Cooper Hewitt, Smithsonian Design Museum en la ciudad de Nueva York pueden experimentar una sala de escucha construida a medida por el ingeniero de audio con sede en Brooklyn Devon Turnball, conocido creativamente como OJAS, hasta mediados de julio.
Entre los más famosos del mundo, además del mencionado León de Meikyoku, están el Tokyo Record Bar (Nueva York, EE. UU.), el Jazz Kissaten de Tokio (Japón), Eavesdrop (Nueva York, EE. UU.), Brilliant Corners (Londres, Reino Unido) y el Bar Neiro (Berlín, Alemania), por nombrar algunos. Como rocolas gigantes, son espacios en los que el placer de escuchar música sobrevive con el aura de otros tiempos.

