Tomar, esconder, proteger

Estaba pensando en cómo hemos llegado a heredar y aceptar nuestra visión del mundo actual y cómo se está volviendo obsoleta rápidamente. El viejo paradigma es algo así: las oportunidades se detectan, se actúa sobre ellas (se explotan) y las recompensas se gestionan discretamente y se defienden contra fuerzas externas que vienen al acecho de lo adquirido o controlado.

La mentalidad es “se toma lo que está allí para ser tomado” a pesar de retadores y desafíos de todo tipo. El botín se esconde en cuevas, como ¡Ábrete Sésamo! de Ali Baba y se ponen en marcha mecanismos para proteger esas posesiones. Históricamente, esos mecanismos han sido en su mayoría físicamente violentos. Posteriormente, a través de la creación de terceros de confianza, las leyes y el orden (la policía y las fuerzas armadas), intelectualmente violentos.

El mundo se vive y se percibe como una competencia por recursos (ideas, materiales, comida, vivienda, dinero); y así, para poseer, combatimos fuego con fuego, competimos, tomamos, protegemos.

Las cosas (materiales o abstractas) deben retenerse; y, para que el mundo funcione, debemos confiar en las instituciones y los actores que hemos creado para ese mismo propósito. Los hemos puesto ahí porque el viejo paradigma estipula que en un mundo plagado de desigualdades, librado a sus propios artificios, no podemos confiar.

Nos hemos puesto en un lugar donde no tenemos más remedio que confiar en aquellos que nos ayudan a calcular las ganancias, definir las reglas del juego y salvaguardar por todos los medios necesarios lo recibido.

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Propiedad = Registrar

En última instancia, la propiedad está en manos de los administradores de registros: bancos, gobiernos, custodios, oficinas de patentes. Una entidad que autoriza, organiza y autentifica todos las entradas o transacciones del libro contable.

El desafío es mantener a los administradores de registros honestos, virtuosos, confiables, a prueba de balas. Sin embargo, la historia muestra que ellos también pueden actuar por interés propio. A veces son coaccionados, engañados y convencidos. Y, de vez en cuando, ellos mismos son víctimas de guerras, desastres naturales, disturbios sociales, malos actores y fuerzas de mercado.

Es interesante que durante siglos, antes de lo que se considera el mantenimiento de registros moderno, los reyes y gobernantes eran los principales responsables de hacer cumplir las leyes y mantener los registros. Muchos de ellos deseaban ser recordados como justos, equitativos, sabios, benevolentes… Sin embargo, muchos actuaron de manera caprichosa, ignorante y fueron susceptibles a alianzas, compensaciones, negociaciones… desechando o sacrificando acuerdos previos. Los derechos de propiedad eran vulnerables a los "vientos de cambio".

En este sistema, donde los registros son, en el mejor de los casos, frágiles, "dar" algo es sólo una aproximación. Lo que se da puede ser interceptado, negado, bloqueado, censurado y quitado.

El destinatario, quien recibe, es un mero espectador...esperando a que se complete la transacción.

Ejemplificado en un brillante episodio de Seinfeld, cualquiera puede 'hacer una reserva', la clave es mantenerla, y cumplir esa promesa. De la misma forma, dar es fácil, pero para que cuente hay que recibir.

Incluso cuando se acredita una transacción, uno debe confiar en que no se revertirá. Y lo que es igualmente importante, uno debe confiar en que la naturaleza de lo que se ha dado conserve su valor a lo largo del tiempo.

La mentalidad del viejo paradigma es que el mundo, el mercado, está en un estado permanente de demandas y contrademandas (a veces, de patrimonios que quizás ya no existan).

En este sentido, "dar" es, en el mejor de los casos, temporal y frágil, porque para dar de verdad el acto debe ser trustless (sin necesidad de la confianza): se garantiza que el acto será permanente, irrevocable, valioso y único.

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Una cobertura contra el rencor y la codicia

Si las reglas del juego fueran diferentes, también se perseguirán las oportunidades, pero en un mercado justo, no contaminado por los rencores, la codicia y otras miserias humanas.

Los registros serían absolutos y autorregulados (autónomos). La imparcialidad del registro —respaldando la identidad y propiedad—estaría garantizada. El sistema universal de registros ideal tendría que ser incondicionalmente imparcial.

El sistema sería ciego e inmune a prejuicios de cualquier tipo. Tendría que ser sin fronteras, no vulnerable a opiniones o litigios. Impenetrable pero abierto a todos.

Las transacciones—incorporaciones al registro— serían perfectamente justas, todo el tiempo, sin intervención de terceros, y sin la posibilidad de manipulaciones. La prueba de cualquier registro será evidente, visible, transparente y representada por un instrumento al portador que podrá ser transferida libremente, abiertamente, sin una entidad autorizante. Un medio de intercambio, la representación de cada transacción, debe ser absolutamente neutral, escasa, imparcial y universalmente reconocida.

El título al portador debe ser limitado en cantidad, imposible de falsificar y nunca podrá ser eliminado del registro.

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Dar, tener, saber.

Creo que ahora tenemos un sistema así con su instrumento nativo al portador.

Entonces, el nuevo paradigma es algo así: a pesar de que el mundo es lo que es, un mecanismo neutral registra fielmente quién tiene qué, quién dijo qué y cuándo. Lo hace a plena vista de todos, en la calle. Este nuevo sistema es tan perfecto que la gente no tiene por qué confiar. Se nos proporcionan pruebas EN VIVO de que los registros se mantienen perfectamente y simplemente no se pueden alterar.

Este sistema cambia drásticamente la dinámica social. Los derechos de propiedad e identidad están garantizados. Las transacciones se liquidan sin intermediarios, sin terceros. La representación de una transacción no se puede diluir; de hecho, es un sistema monetario como ningún otro. No se puede confiscar, cancelar ni desechar.

Por tanto, la violencia no tiene sentido. El registro no se puede trastornar y sus participantes no pueden ser engañados. La equidad está garantizada. El campo de juego está nivelado. Los malos actores han sido neutralizados.

Los destinatarios no cargan con ninguna responsabilidad del sistema que hace posible la entrega, y la validez de cualquier transacción es indiscutible.

Dar finalmente tiene relevancia y envergadura. Su significado se ha expandido...es encomendar en confianza. Se ha elevado el significado de tener. Hemos desbloqueado su máximo poder. Tener es demostrable, indiscutiblemente saber.

#bitcoin

Por Rodrigo Benadon, CEO de Cripto247

@rbenadon

Fuente:  To give or not to give. Reflections on the meaning of possessions and their transference

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