Hoy en día hay una fuerte cultura de pensar que comprar dólares es una “inversión” debido que las economías locales por factores externos e internos generan inflación, lo que deriva en una devaluación de su moneda perjudicando el poder adquisitivo.

La  inflación es un fenómeno que no es ajeno a ninguna moneda fiduciaria (monedas emitidas por gobiernos).  Países como Venezuela y Argentina son claros ejemplos.  

Como consecuencia de esa devaluación, la gente tiende a comprar dólares.  Pero lo único que genera esto es resguardar su valor en el corto plazo. En el largo plazo, si uno   compra 100 dólares seguirá teniendo la misma cantidad nominal, inclusive con menos poder adquisito ya que el dolar en sí tiene una inflación del 2%  anual. 

Las criptomonedas se comportan de manera diferente al dólar. El bitcoin es similar al oro. No tiene un precio fijo sino variable de acuerdo a la oferta y demanda del mercado. Como todavía es un mercado joven,   tiene una alta volatilidad la cual puede ser vertiginoso para los que desconocen,  pero a medida que la tecnología crece el precio   tenderá a estabilizarse.   

En este contexto, el bitcoin es un activo que no se caracteriza por ser inflacionario. Al  contrario, amén del precio fijado por la oferta y la demanda, la emisión de bitcoin es limitada a  21 millones al año 2140,  estimativo. Esto lo hace un bien escaso, lo cual puede generar una deflación haciendo aumentar su precio en el largo plazo.   

Por este motivo, hay mucha gente que compra bitcoin como especulación futura lo cual puede ser  acertado como visión a largo plazo.

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