El tiempo ha sido una variable clave en la economía, porque permitió medir que a determinada cantidad de tiempo de trabajo correspondería determinada cantidad de dinero como forma de pago y reconocimiento a la producción de un país. Según la economía clásica, solo un tipo de tiempo era posible de ser contado, controlado e intercambiado y ese era el tiempo dedicado a la producción mercantil. En estos términos "el tiempo productivo" pasa a ser aquel que tiene valor en el mercado y es este último quien define cómo, quiénes y por cuánto se puede intercambiar. A partir de aquí, todo trabajo que no pueda ser intercambiado en el mercado dejó de ser reconocido.

En este año plagado de injusticias recibimos una noticia con enorme satisfacción. El pasado 19 de noviembre se aprobó el proyecto de ley que instruye al Sistema Estadístico Nacional incorporar la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo como módulo permanente de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Esta ley, primero con media sanción en el Senado y luego aprobada en Diputados, fue diseñada e impulsada por mujeres, como la senadora Beatriz Mirkin y las diputadas Silvia Martínez, Cristina Álvarez Rodríguez, Lucila De Ponti y Vanesa Siley entre otras.

La Encuesta de Uso del Tiempo sólo se hizo en el año 2013 en nuestro país y mostró que las mujeres dedican el doble del tiempo al trabajo doméstico no remunerado que los varones, que ese tiempo se prolonga en el caso de las mujeres cuando hay presencia de menores en el hogar y disminuye notoriamente en el caso de los varones. Esta encuesta confirmó que el estereotipo de género clásico, que se sintetiza en "la mujer cuidadora y el varón proveedor", se ve cristalizado en el uso del tiempo, donde los varones dedican más horas al tiempo "productivo" y remunerado y las mujeres están más dedicadas al tiempo reproductivo y de cuidados que no es remunerado.

La inclusión de esta encuesta de manera permanente nos dará la información sobre cómo usamos el tiempo las personas en nuestro país. El objetivo es recolectar y cuantificar información sobre la participación y el tiempo destinado por las personas a sus diferentes actividades de la vida diaria, desagregado por género y edad. Esto no solo permitirá entender cómo se distribuye el tiempo dedicado a estas tareas, sino también cuantificar el aporte económico que las mismas representan. También relevará información sobre la población que realiza trabajo doméstico no remunerado para otros hogares o para la comunidad en general, y sobre el tiempo que le dedican las personas al autocuidado.

En las últimas décadas, el aumento de la participación por parte de las mujeres en el mercado de trabajo remunerado permitió desnaturalizar la división sexual del trabajo, donde la única opción posible para las mujeres era quedarse en su hogar y cuidar a sus hijos/as a tiempo completo. Pero pese a su inserción en el mercado de trabajo, estas tareas no dejaron de ser responsabilidad de las mujeres. Los estereotipos y las creencias alrededor de que las mujeres debemos y somos mejores (¿o estamos entrenadas de pequeñas?) para mantener el hogar, cuidando a los niños/as y a las personas adultas mayores sigue presente, aun cuando participamos del mercado laboral, lo que resulta en una doble jornada laboral y el deterioro de nuestra calidad de vida.

Cuantificar el tiempo dedicado a estas tareas es esencial para comprender y valorizar en términos económicos, quienes, y cuánto se dedican a tareas que permiten a otras personas tener una mejor calidad de vida, visibiliza la doble jornada laboral y permite al conjunto de la sociedad tomar conciencia de esta situación. Además, cómo reparten su tiempo y cómo se ve reducido, por ejemplo, su derecho al ocio u otras actividades en comparación a otras personas. Además, estos datos permitirán cruzarse con otros para dar cuenta de la relación directa que existe con las problemáticas del mercado laboral que sufren más las mujeres que los varones (dificultades de inserción, informalidad, brecha salarial, trayectoria laboral inconsistente, etcétera) y su condición socioeconómica.

Por estos motivos aplaudimos esta ley, será el primer paso para medir el tiempo y en esa medición reconocer, valorizar y visibilizar el trabajo doméstico y de cuidados de miles de personas, en su mayoría mujeres, que aportan cada día al bienestar del conjunto social. El Estado debe reparar esta injusticia y para ello necesita contar con diagnósticos claros que le permitan elaborar políticas públicas consecuentes.

Debemos comenzar a comprender el tiempo de manera integral dejando atrás las escisiones economicistas. Los procesos históricos a los que asistimos nos obligan a interpelar a nuestra sociedad en función de la calidad de vida de sus miembros, de los que tienen y de los que no. En palabras de Amaia Perez Orozco: "El cambio al que asistimos es insoslayable. La pregunta es si queremos gobernarlo con criterios de justicia o dejamos que se gobierne con criterios de mercado". Hoy hemos dado un paso más para que el futuro crezca en un horizonte de justicia, igualdad y bienestar para todos los habitantes de nuestro suelo.