El 9 de diciembre de 2019, un día antes de que Mauricio Macri dejara de ser presidente, la cuenta oficial de Twitter de Casa Rosada despidió al gobierno saliente con una referencia bíblica: “Este es el momento de irnos, porque hay un tiempo para cada cosa”. Gracias a todos. *Eclesiastés 3:1”.

Pero la belleza del libro de los libros, utilizado por un macrismo melancólico y en retirada, no logra opacar la realidad: el gobierno de Cambiemos aún no se fue. La luz hiriente y encandilante de su estrella apagada proyecta largas sombras sobre la economía y, en
especial, sobre la deuda.

El ruido financiero que provocó el llamado de la provincia de Buenos Aires a sus acreedores es una de las pruebas de la frágil situación a la que está expuesta Argentina.

Los problemas de liquidez por los que atraviesan Nación y las provincias son graves. La renegociación de la deuda con bonistas privados no será sencilla, será turbulenta. Pero ese
tiempo ha llegado.