Si diciembre fue puro vértigo para el oficialismo, enero no le está dando respiro por la acumulación de malas nuevas autogeneradas. Los aumentos que comenzaron a ser noticia diaria sumados al impacto de un fin de año tumultuoso colocaron la imagen del presidente Mauricio Macri cuesta abajo, mientras descansa en Villa la Angostura y posterga su regreso a la Casa Rosada. Las fotos de relax y compras en el sur no parecen estar dando el resultado que solían tener.

La consultora Ipsos, que es una de las que en las mesas de la Casa Rosada se siguen con atención, midió una caída de la imagen presidencial que la lleva a 44%. ¿Puede seguir perdiendo fuerza? Por lo pronto, comenzó a recuperar a de uno de los adversarios “redituables”políticamente. La embestida judicial contra sindicalistas pone nervisioso a los jefes gremiales que son los que tienen que sostener la discusión que se avecina por la reforma laboral y por las paritarias sectoriales.

El Gobierno mide los tiempos y no define claramente si quiere que la reforma laboral salga sí o sí en las extraordinarias de febrero. No sólo le eriza la piel pensar que se repitan jornadas de represión en el Congreso sino que está atento a cuánto puede resquebrajarse el frente sindical y, en forma paralela, cuánto puede reagruparse el peronismo, a quien parece caerle bien el período estival. La foto de Sergio Massa con el inquieto intendente de Merlo y flamante presidente del Partido Justicialista, Gustavo Menéndez, fue el puntapié de una movida que tiene como objetivo recuperar una suerte de “panperonismo” para los tiempos que vienen. Por ahora, la ex presidenta Cristina Fernández se mantiene a un costado de la escena mientras su hijo, el diputado Máximo Kirchner, adquiere un rol más visible. No es que le preocupe el peronismo como expresión partidaria sino como factor de atracción de los gobernadores que son la pieza base del acuerdo parlamentario de diciembre. La pregunta que flota en los despachos oficiales es cuánta fidelidad conseguirán retener si los mandatarios observan que se construye una opción de poder por fuera de Cambiemos. Y con quién se pueden sentir más cómodos para gestionar sus provincias ajustadas: con el Gobierno que le prometió auxilio económico pero que a la vez le construye opciones partidarias en sus territorios o con “el peronismo que viene” y que es todavía una incógnita.

Mientras tanto, los argentinos observan el espectáculo de tribunales activos con denuncias que, también, salpican los pies de la Rosada.

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