Tras semanas de enfrentamientos y ataques limitados, y pese a llamados desesperados de la ONU por evitar una nuevo conflicto, los dos gobiernos en disputa en Libia se declararon la guerra, en un país que sufre un vacío de poder y constantes luchas armadas desde el derrocamiento del dictador Muammar Kaddafi en 2011.

Ante el ininterrumpido avance de las fuerzas del general Jalifa Hafter, el líder del llamado Ejército Nacional Libio y el hombre fuerte del llamado gobierno de Tobruk, que domina las regiones del este y controla los principales recursos petroleros, el gobierno de Trípoli, reconocido por la comunidad internacional y con sede en la capital del país, oficializó su contraofensiva.

"Tendimos nuestras manos hacia la paz pero luego de la agresión de parte las fuerzas de Hafter y su declaración de guerra contra nuestra capital no encontrará más que firmeza y fuerza", aseguró el primer ministro del llamado gobierno de Trípoli, Fayez Serraj, en un discurso televisivo, citado por la agencia de noticias ANSA.

Serraj había intentado acatar los pedidos de cautela y moderación de la ONU; sin embargo, , con las fuerzas de Hafter a solo 50 kilómetros de la capital, lanzó la operación Volcán de Ira.