La irrupción del coronavirus en América Latina dejó a la economía de la región muy golpeada, y con serios retrocesos en distintos ítems que vuelven más difícil avanzar en la reducción de la brecha que la separa de las economías desarrolladas en el mundo, que tampoco pudieron escapar al profundo impacto de la pandemia en sus aparatos productivos.

Las cuentas públicas fueron severamente afectadas por las diversas medidas puestas en marcha por los Gobiernos para mitigar el impacto de la pandemia, tanto a nivel sanitario como en fondos de asistencias directas tanto para las personas como para las empresas. El Fondo Monetario Internacional ( FMI), en un informe reciente anticipó que la deuda conjunta de la región va a estar por encima del 80% del Producto Interno Bruto (PIB) entre 2020 y 2025 -cuando en 2012 era equivalente al 47%- en tanto que el déficit público superará el 5% del PIB cuando se conozcan las mediciones del 2020, para ir bajando muy lentamente hasta un nivel de 3,7 % en 2025, según marca un artículo de la agencia EFE que precisamente se enfoca en distintos aspectos de la pandemia y su incidencia en la agenda de la región.

Y si bien el esperado rebote del PIB para el año en curso (vacunación mediante) sin ninguna duda traerá alivio para las golpeadas economía de la región, éstas todavía quedarán por debajo de los niveles previos a la llegada de la Covid-19.

Y si bien en años recientes fue muy criticado por la proliferación de los planes de ajuste en distintos países como condición para el otorgamiento de créditos, el FMI fue un jugador clave para apoyar la liquidez a corto plazo durante la pandemia. Hasta mediados de diciembre último se estima que la entidad aportó mediante diversas líneas de crédito USD63.809 millones a los países latinoamericanos.

Las dificultades presupuestarias que también se harán sentir este año, en las que influirá sin duda la caída de capitales externos que se verificó fuertemente el año pasado, transformarán a la colaboración público-privada en la única vía para mantener el ritmo de inversión y avanzar en el desarrollo de infraestructuras, tan necesarias en todos los países de la región en distintos niveles (ferroviarias, portuarias, digitales, energéticas, etc.). Y organismos o entidades multilaterales regionales como la CAF y el Banco Interamericano de Desarrollo ( BID) también tendrán un rol clave para el impulso de proyectos que contribuyan a la recuperación.

En referencia al "fly to quality" de los capitales foráneos en el 2020, el Institute for International Finance (IIF) estimó que sólo en el primer trimestre salieron de los países emergentes más de USD100.000 millones, y el 30% de esta cifra correspondió a Latinoamérica, de acuerdo con el FMI.

Para este año las previsiones también son negativas. Por ejemplo, la Cepal estima un desplome de la inversión extranjera directa de entre un 45% y un 55%, el mayor descenso en todo el mundo, y recomienda centrarse en sectores que promuevan el cambio tecnológico, como las energías renovables, la movilidad sostenible, las industrias digitales y de la salud, la economía circular y el turismo sostenible.

Uno de los sectores más afectados por las restricciones de vuelos internacionales y cruceros y las medidas de distanciamiento social fue el de Turismo, que en 2019 representó el 10% del ingreso de divisas y del empleo en toda América Latina. Y si bien los gobiernos de la región tomaron diversas medidas para la supervivencia de las pymes y el mantenimiento de los empleos, organismos como la Cepal pidieron más cooperación subregional en aspectos como los protocolos para restablecer los viajes, intercambio de información sanitaria y buenas prácticas entre países.

Trabajo en negro

La crisis sanitaria puso en un primer plano el problema de la informalidad laboral, ya que muchas personas que se ganan el sustento de esa manera quedaron fuera de las medidas paliativas adoptadas por diversos gobiernos, y otras muchas directamente se quedaron fuera del mercado laboral, ante las restricciones a la movilidad y la incertidumbre respecto del futuro.

Sólo hasta junio del 2020 se habían perdido unos 47 millones de empleos, de acuerdo con un relevamiento de la Cepal y la Organización Internacional del Trabajo ( OIT), que advirtieron que la recuperación del mercado laboral será muy lenta, teniendo en cuenta lo ocurrido con crisis anteriores y la desaparición prevista de 2,7 millones de empresas.

Sobre este punto, la CAF propone avanzar en la digitalización para romper el círculo vicioso generado entre informalidad y rigidez laboral, junto con otras medidas como la reducción de costos para la contratación, la mejora de los seguros de desempleo y otros incentivos para, de la mano de una simplificación normativa, facilitar que pymes y autónomos registren a sus trabajadores "en negro".

El organismo también propone cambios legislativos en los distintos países para que subsista la mayor cantidad posible de empresas con dificultades, adecuando normativas concursales, y marcos más flexibles para microempresas y pymes.

Por último, los cierres de fronteras y las limitaciones de actividad literalmente rompieron las cadenas de suministro y afectaron seriamente al comercio. Se estima un descenso de las exportaciones del 23% y de las importaciones del 18% en 2020, de acuerdo con informes de la Cepal.

A este preocupante panorama hay que sumarle la caída de precios de materias primas, que incidió en la exportación de los países de la región, altamente primarizada.

Algunos organismos multilaterales trazan a mediano plazo un escenario con menos interdependencia productiva entre los grandes bloques económicos y una tendencia a la regionalización del comercio.

En este sentido, la agencia EFE resalta que el comercio intraregional representa solo el 15% de las importaciones, muy lejos de lo que ocurre en zonas como la Unión Europea (UE), donde ese porcentaje llega al 60% y 70 por ciento. Pero reencauzar el flujo comercial hacia los países latinoamericanos requiere mejorar las infraestructuras y la logística, crear cadenas de valor regionales e industrias con capacidad de coordinar redes de producción entre países.

Este aspecto es clave, ya que incrementar el intercambio dentro de América Latina y su mercado potencial de 650 millones de habitantes, equivale a un seguro ante eventuales crisis externas de oferta o demanda.