Varios grandes fabricantes automotrices como Tesla, Volvo, Ford y Mercedes-Benz decidieron demandar al Gobierno de EE.UU. por haber introducido esta semana aranceles del 25% a la importación de autopartes fabricadas en China.

Por ejemplo Tesla interpuso una demanda ante el Tribunal de Comercio Internacional en Nueva York, en la que califica las nuevas tasas de "autoritarias y caprichosas" y "una arbitrariedad", según informa The Guardian y reproduce la agencia AFP.

El documento judicial presentado por la compañía de autos eléctricos nombra al responsable de la Oficina del Representante de Comercio de EE.UU., Robert Lighthizer, como demandado.

La compañía considera que los aranceles adicionales de 25% impuestos por el gobierno de Donald Trump sobre numerosas piezas importadas por Tesla, como las pantallas utilizadas en sus autos, son "arbitrarios, caprichosos y un abuso de poder". El grupo pide "la anulación" y reclama ser "compensado con intereses" por haber pagado los aranceles.

Los aranceles punitivos impuestos por Washington sobre productos provenientes de China son abonados por los importadores en Estados Unidos, y reducen las importaciones desde el país asiático y con ello el colosal déficit comercial que la mayor potencia mundial tiene con China. 

El país asiático es el mercado automotriz más grande del mundo y tiene un gran interés para Tesla, que pretende beneficiarse del objetivo chino de reducir las emisiones de CO2.

Mercedes, por su parte, acusó a Washington de "impulsar una guerra comercial sin precedentes, desenfrenada e ilimitada que afecta más de USD500.000 millones en importaciones de la República Popular de China".

Los nuevos aranceles fueron introducidas como parte la política de la Administración Trump que busca empujar a los fabricantes de EE.UU. a renunciar a la tecnología china y reducir de esta manera el enorme desequilibrio en su balanza comercial con el gigante asiático.

Según el Departamento de Comercio de EE.UU., el déficit comercial del país norteamericano aumentó en julio casi en un 11%, hasta alcanzar los USD63.600 millones, de los cuales USD28.300 millones corresponden a China.

A pesar de un primer acuerdo comercial entre Washington y Beijing a fines del año pasado, los aranceles adicionales del 25% siguen vigentes sobre unos USD250.000 millones en mercancías de origen chino.

Estados Unidos busca con estos impuestos aduaneros reducir su déficit comercial con China pero también presionar para que Beijing reforme sus prácticas comerciales, que Washington considera "desleales", en particular en materia de transferencia de tecnología.