El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se convertirá en el primer presidente del país que usará el término "genocidio" para describir el asesinato de más de 1.5 millones de armenios por parte del Imperio Otomano en 1915. Este reconocimiento le valdría al país un aumento de las tensiones con Turquía, un aliado estratégico de la OTAN que rechaza firmemente esa designación.

El mandatario tiene previsto hacerlo este sábado, en el 106° aniversario del inicio de la matanza otomana, aunque, según reportan medios estadounidenses, todavía podría echarse para atrás y no hacer uso del término. Más de 25 países, entre ellos Rusia, Siria y Franciaya calificaron de genocidio a los hechos de 1915, algo que Turquía se niega tajantemente a aceptar.

De hecho, el país que gobierna Erdogan reconoce la muerte de civiles armenios durante los intentos de deportación en 1915, pero los encuadra en un contexto bélico con Rusia en el este de Anatolia durante la I Guerra Mundial.

¿Por qué ningún otro presidente estadounidense usó la palabra "genocidio"? Según reportan, los mandatarios no querían dañar las relaciones bilaterales de EEUU con Turquía, un aliado estratégico y militar en los conflictos de Medio Oriente. Aparentemente, la actitud negacionista turca no será suficiente para Biden, que sabe que sus relaciones quedarán gravemente dañadas. De esta manera, seguirá la línea de la Cámara Baja y el Senado, que en 2019 Unidos aprobaron medidas en las que describían como "genocidio" la masacre de 1915.

El genocidio armenio dejó un saldo de 1.5 millones de muertos

El flamante jefe de Estado demócrata había prometido en su campaña electoral que describiría oficialmente la matanza como genocidio, algo que le distinguirá de todos sus predecesores. Sin embargo, no será el primero: Ronald Reagan (1981-1989) usó una vez esa palabra para referirse a la matanza armenia en un comunicado sobre el Holocausto nazi.

Según fuentes oficiales citadas por el New York Times, la decisión de Biden no derivará en la imposición de sanciones a Turquía, a pesar de que Estados Unidos forma parte de la convención de la ONU contra el genocidio de 1948, que pide a los Estados castigar ese crimen.

No obstante, sí se espera que debilite la relación con Turquía, cuyo presidente, Recep Tayyip Erdogan, mantuvo una relación cálida con el expresidente Donald Trump, pero bastante fría con Biden cuando era vicepresidente de Barack Obama, entre 2009 y 2017.

El genocidio armenio, la historia que separa a Turquía de los demás

Turquía ya le advirtió a Biden. El ministro de Relaciones Exteriores, Mevlut Cavusoglu, dijo en una entrevista esta semana que "declaraciones que no son legalmente vinculantes no traerán beneficios, pero dañarán los lazos" entre ambos países. "Si Estados Unidos quiere empeorar los lazos, la decisión es suya", amenazó.

Durante el gobierno de Trump, el presidente turco había advertido que “si fuera necesario” podría ordenar el cierre de la base aérea estadounidenses de Incirlik, que ha jugado un rol importante para las operaciones del Pentágono en Siria. “Es muy importante para ambos lados que Estados Unidos no dé pasos irreparables en las relaciones”, dijo Erdogan, que avisó además que tomaría medidas “recíprocas”.

Biden y Erdogan no tuvieron una buena relación cuando el estadounidense fue vicepresidente

Ya en  2011 el Parlamento francés había aprobado una proposición de ley que castigaba la negación del genocidio armenio, lo que supuso que Turquía suspendiera las relaciones políticas y militares con Francia. Ocho años más tarde, Erdogan dijo que “aquellos que quieren sermonear a Turquía sobre derechos humanos, democracia, el problema de Armenia y la lucha contra el terrorismo tienen una historia sangrienta”, en una clara acusación a París por ser responsable del genocidio de los tutsis en Ruanda en 1994.

En 2016, el Parlamento de Alemania aprobó una resolución en la que reconoció el genocidio armenio, lo que abrió una crisis diplomática entre Berlín y Ankara.

El papa Francisco, un año antes, se refirió explícitamente al armenio como el "primer genocidio del siglo XX".

En febrero de este año, el parlamento holandés aprobó una moción en la que instaba al gobierno a reconocer el genocidio, por lo que Turquía dijo que la medida "buscaba reescribir la historia sobre la base de motivaciones políticas".