La salida de Reino Unido de la Unión Europea marca el inicio de una nueva cuenta atrás para negociar en apenas once meses las bases de la relación futura, antes de que el 31 de diciembre expire el periodo de transición y británicos y europeos se enfrenten de nuevo al "precipicio" si para entonces no han logrado un acuerdo.

Entre tanto, Reino Unido habrá perdido su voz y su voto en la toma de decisiones comunes porque ya no es un Estado miembro, pero seguirá estando sometido a los estándares europeos y a las decisiones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TUE) al menos hasta que acabe el año.

A cambio, ni los ciudadanos ni las empresas notarán apenas cambios inmediatos porque Reino Unido seguirá teniendo acceso al mercado único y a la unión aduanera mientras dure la transición, por lo que podrán moverse con libertad y sin controles mientras se adaptan progresivamente a la nueva situación.

La ausencia británica se empezó a notar en Bruselas hace ya meses, cuando Londres decidió no presentar candidato británico a ocupar una cartera en el nuevo Colegio de Comisarios y dejó de enviar representante a las reuniones mensuales de ministros europeos.

Ahora, su primer ministro tampoco podrá participar en las cumbres de líderes, sus 73 eurodiputados han tenido que abandonar sus escaños en la Eurocámara -aunque tendrán una semana más para vaciar sus oficinas- y los tres jueces británicos en el TUE han dejado su puesto con el Brexit.

Las portadas que reflejaron la salida de la UE

"Queremos la mejor alianza posible con Reino Unido, pero está claro que siempre será diferente. Pertenecer a la Unión Europea cuenta, la Unión hace la fuerza", avisó el viernes la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en un discurso compartido con el presidente del Parlamento europeo, David Sassoli, y el presidente del Consejo europeo, Charles Michel.

En una comparecencia conjunta en el único acto en Bruselas para marcar la fecha del divorcio -evitando toda solemnidad en el primer adiós en la historia de la UE a uno de sus Estados miembro-, Von der Leyen, Sassoli y Michel apostaron por un "nuevo amanecer" de unidad y liderazgo para la UE, al tiempo que tendieron la mano a Londres para una asociación tan ambiciosa como comprometida.

"Nuestra experiencia nos ha mostrado que la fortaleza no reside en una espléndido aislamiento sino en nuestra Unión extraordinaria", dijo Von der Leyen, apuntando que el futuro no solo estará marcado por las negociaciones post Brexit, sino también por la ambición europea de estar a la cabeza de la lucha contra el cambio climático y de la transformación digital.

Un mes para empezar a negociar

La propuesta de negociación de Bruselas está basada en los intereses comunes y en las líneas rojas marcadas por las capitales, con el objetivo de que los Veintisiete perfilen el documento y lo aprueben el 25 de febrero. También el gobierno británico presentará las claves de su posición negociadora, aunque el premier Boris Johnson anticipó que aspira a cerrar un acuerdo de libre comercio antes de que acabe el año.

Así las cosas, las negociaciones no podrán comenzar formalmente hasta el 1 de marzo y lo harán con una decena de mesas sectoriales que se convocarán cada tres semanas aproximadamente. Se trata de un proceso muy complejo que en los cálculos más optimistas -e improbables- debería llevar a un acuerdo en el mes de octubre para que sea posible su tramitación a tiempo para entrar en vigor cuando expire la transición en diciembre.

Boris Johnson aspira a cerrar un acuerdo de libre comercio

El objetivo europeo es un acuerdo que aborde la relación económica y comercial, pero también la cooperación en materia de seguridad y defensa y que asegure la gobernanza del pacto. Bruselas ya ha dicho que es posible un acuerdo comercial sin cuotas ni aranceles pero solo si hay garantías de que también se reducirán a cero las prácticas desleales.

Los europeos temen que Reino Unido aproveche esta ruptura para alejarse de los estándares europeos en materia social, fiscal y medioambiental e inicie una competencia desleal o se convierta en paraíso fiscal a las puertas de la UE. Por eso los mensajes de la UE inciden en las garantías que exigirán a la parte británica de que respetarán el principio de igualdad de condiciones.

Entre las claves que la UE quiere resolver cuanto antes está el acceso a las aguas británicas para la flota comunitaria, algo a lo que Londres se resiste pero Bruselas quiere vincular al comercio de productos pesqueros, y los servicios financieros.

La jefa del Ejecutivo comunitario apuntó ya entonces que es poco realista pensar que el acuerdo estará concluido a tiempo por lo que se deberá prorrogar la transición -y pedir este aplazamiento antes de julio- o bien asumir que las partes deberán elegir qué es lo más urgente y centrar sus esfuerzos en pactar solo esos capítulos antes de diciembre.