El presidente del Parlamento catalán propuso al activista preso Jordi Sánchez como candidato a la presidencia de Cataluña pese a que no cuenta con los apoyos suficientes para superar la votación de investidura, lo que deja al secesionismo sin más opciones que retomar la vía de ruptura con España o ir a nuevas elecciones.

La decisión parece destinada a profundizar la parálisis en la que se encuentra Cataluña desde los comicios regionales del 21 de diciembre, en los que los independentistas, con el ex presidente Carles Puigdemont a la cabeza, recuperaron la mayoría absoluta y, por lo tanto, el derecho a formar gobierno.

Después de realizar una ronda de consultas con los grupos con representación parlamentaria, el presidente de la cámara catalana, Roger Torrent, confirmó la candidatura de Sánchez, que fue señalado como sucesor por el propio Puigdemont la semana pasada. La decisión parecía despejar el camino para la formación de gobierno, pero ERC reclamó el cargo para su líder, el también preso Oriol Junqueras, y la CUP, que cuenta con cuatro escaños claves para alcanzar la mayoría absoluta, dejó la decisión en manos de sus militantes, que se pronunciaron a favor de una abstención.