Brasil, uno de los mayores productores de acero del mundo, redujo su producción en un 2,8 por ciento en el primer trimestre de este año en comparación con el mismo período del año pasado, con un total de 8,4 millones de toneladas.

Según señaló el Instituto Acero Brasil (IABr), la caída de la producción de acero brasileño en los primeros tres meses del año se debe a las dificultades que tiene la economía para dejar atrás la recesión que sufrió entre 2015 y 2016, y a que la falta de avances en la reforma del sistema previsional obstaculiza el panorama de inversiones en infraestructura, en la construcción, y en proyectos del sector petrolero y gasífero.

"Los resultados no fueron positivos", comentó el presidente ejecutivo del instituto, Marco Polo de Mello, en una rueda de prensa en la que admitió que el resultado negativo "no era esperado. Fue peor de lo que se imaginaba. En los primeros tres meses, lo que había sido considerado vital por el gobierno, que es la reforma del sistema previsional, que es un divisor de aguas, vimos que tuvo grandes dificultades en relación con su aprobación", comentó Mello, que también se expresó a favor de que haya una reforma tributaria en el país.

El directivo explicó que el 80% de la demanda de acero proviene de tres sectores: el automotor, que espera crecer un 9% este año, el de máquinas y herramientas, que aspira a un crecimiento de 5,6%, y la construcción civil, que no avizora crecimiento en 2019. "Si se aprueba la reforma será una señal para destrabar inversiones en infraestructura, y para incentivar a los capitales extranjeros a invertir en Brasil", agregó Mello.

"Si la economía crece, la demanda de acero aumenta. Y el crecimiento en Brasil depende de la reforma previsional", recalcó.

Entre enero y marzo, las ventas internas de acero bajaron un 0,1 por ciento, con 4,4 millones de toneladas, mientras que el consumo cayó un 1,4 por ciento, totalizando 4,9 millones de toneladas.

A pesar del mal resultado en el primer trimestre, el Instituto Acero Brasil confía en un aumento de la producción este año del 2,2% en comparación con 2018, con 36 millones de toneladas de acero bruto. Este incremento sería mayor si se aprueba la reforma jubilatoria, consideró Mello.

La expectativa del instituto es que las ventas internas crezcan un 4,1% ciento este año y lleguen a los 19,5 millones de toneladas, mientras que el consumo debe aumentar un 4,6% hasta los 22 millones de toneladas.

Por su parte, las importaciones brasileñas de acero crecerán un 8,7% y se espera un descenso de las exportaciones del 6,1 por ciento.

"La confirmación de las previsiones y hasta una eventual mejora depende esencialmente de que se retome el crecimiento económico del país de forma sostenida" y eso "solo ocurrirá con un ajuste fiscal, que incluya la reforma de las pensiones y la reforma tributaria", señaló el directivo.