“Si los perros no van al cielo, cuando muera quiero ir a donde ellos van”, dijo el humorista Will Rogers, en una de las frases más utilizadas para hablar del amor a las mascotas. Aunque todavía no se sabe a dónde van los perros cuando mueren, un laboratorio, gracias a los avances de la ciencia, ofrece la posibilidad de clonar a perros y gatos para que, de alguna manera, "vivan para siempre", o al menos mientras viva su dueño.

Casos hay muchos, aunque quizás el más conocido es el de Barbra Streisand, que reveló en una entrevista con la revista Variety que dos de sus perros Coton de Tulear son clones de la perra Samantha, que murió en 2018 a los 14 años. Décadas después de la histórica clonación de la oveja Dolly, las copias de los animales se volvieron una realidad

El proceso de clonación es exclusivo a solo una pequeña cantidad de empresas en todo el mundo. Lo primero es extraer células del tejido de la mascota "original", generalmente de la oreja o el vientre. Luego, los científicos recuperan un óvulo no fertilizado de otro animal donante. El núcleo del óvulo se extrae con una "pequeña aguja" y se intercambia con el núcleo de las células de la mascota. El nuevo óvulo, que lleva el ADN de la mascota, se coloca en una mezcla con los nutrientes que normalmente se encuentran en el útero, cultivándolos hasta que puedan convertirse en embriones para ser implantados en un sustituto.

Si todo sale bien, la madre subrogada llevará el embarazo a término y, gracias al arte de la ciencia, nace un clon, explicó CheMyong “Jay” Ko, profesor del departamento de biociencias comparativas de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, a The Washington Post.

Nada puede devolver el primer amor

Chai, una gata blanca de ojos azules, murió en un extraño accidente después de que se tragó un trozo de un envoltorio que se alojó en sus intestinos. Hasta 2017, fue la fiel acompañante de Kelly Anderson, que la crió desde que nació y sufrió sus primeros cinco meses conectada a tubos y sometida a varios tratamientos por una serie de enfermedades. Chai la acompañó en sus mejores momentos, pero también la ayudó a salir adelante durante su depresión.

Después del desafortunado accidente, Anderson no tuvo tiempo ni para llorar. Se acordó de que una amiga trabajaba en ViaGen Pets, una empresa con sede en Texas que se enorgullece de ser una de las pocas que clonan animales en todo el mundo. Pagó 25.000 dólares y esperó cinco años. Ahora, al llegar a su casa, puede ver a Chai durmiendo plácidamente en su sillón. En realidad, ahí descansa Belle, la "nueva Chai" que nació gracias al proceso de clonación. 

Y acá es donde las cosas se complican. Porque pagar a ViaGen 50.000 dólares por clonar un perro o 35.000 por un gato esconde un proceso que pone en jaque una serie de cuestiones morales y éticas muy complejas.

En primer lugar, la clonación no siempre es efectiva, por lo que muchas veces se necesitan muchos animales para lograr el clon perfecto. “La gente piensa, 'Oh, presionaré un botón y saldrá Fido', pero ese no es el caso”, dijo Robert Klitzman, director del programa de maestría en bioética de la Universidad de Columbia, al medio citado. "Así que puedes amar a Fido, pero ¿realmente quieres que varios animales mueran y sufran para tener un Fido sano?", preguntó.

Por otra parte, a Klitzman le preocupa la “noción ingenua de que el clon será el mismo y que tendrán la misma relación emocional”. “Puedo pagar miles de dólares para crear una nueva mascota que en realidad tendrá una historia y una personalidad diferente”, dijo. “O tal vez podría adoptar un animal que de otro modo sería sacrificado en un refugio. Esas son cosas que éticamente deben ser consideradas”, ponderó.

Perder una mascota puede ser devastador, pero la clonación “puede no permitir que uno procese el dolor y luego desarrolle una relación con otro ser”, dijo Klitzman. Y pensar en el clon como una especie de sustitución genera una expectativa injusta sobre el nuevo animal, agregó.

El reemplazo que jamás llegará

Estas cuestiones son las que preocupan al 90% de los clientes de ViaGen. La empresa permite pagar 1.600 dólares para almacenar el ADN sin llevar adelante el proceso de clonación hasta que la persona lo decida. Así, solo uno de cada diez clona a su mascota, algunos haciéndolo 17 años después de guardar el código genético de su mascota.

La empresa aseguró que explica detalladamente a sus clientes las consecuencias del proceso y los riesgos que toman al hacerlo, además de que sostienen que las madres subrogadas también viven una buena vida. Melain Rodríguez, gerente de servicio al cliente de ViaGen, pronosticó que la clonación "definitivamente aumentará y se volverá más popular a medida que pasen los años”.

La dueña de la gata clonada aseguró: “Cloné no porque quisiera devolverle la vida a mi gato, sino porque quería conservar una parte de ella, y creo que definitivamente es muy reconfortante tener eso en Belle. Aunque son gatos diferentes, todavía hay una parte de Chai en ella. Así que es reconfortante de una manera que realmente no sé cómo explicar”.

Tampoco sabe explicar si Belle le ayudó a olvidar a Chai, que a veces reaparece en sus recuerdos. “No creo que nunca dejes de extrañar a alguien que amas. Por supuesto que la extraño todos los días. Creo que con el tiempo eso se atenúa, pero eso es solo parte del dolor y cómo funciona”, marcó. Para ella, la sensación final es "agridulce".

¿Vale la pena pagar tanto dinero por intentar, en vano, devolverle la vida a una mascota? Mientras las campañas de adopción se multiplican y la ética levanta la mano, es imposible no volver a la frase de Will Rogers y pensar que, quizás, es mejor que los perros o gatos esperen a sus dueños en el cielo, o donde sea que estén.