El estado de Oregon, en Estados Unidos, acaba de legalizar el compostaje humano, una manera más ecológica de estar muerto. Esta técnica, también conocida como reducción orgánica natural, consiste en convertir el cadáver de una persona en abono mediante una aceleración del proceso de descomposición del cuerpo, casi haciendo realidad la frase "polvo eres y al polvo volverás".

“Este es un tema difícil de considerar para la gente, no es una decisión que ninguno de nosotros pueda evitar”, declaró la demócrata Pam Marsh, impulsora del proyecto. "Tiene un atractivo, ciertamente no para todos los consumidores, pero para muchos de nosotros que realmente estamos buscando formas de pensar acerca de cómo nuestra huella en la tierra continúa después de que la vida se ha ido", explicó.

La gobernadora Katie Brown promulgó el proyecto de ley 2574 de la Cámara de Representantes este martes, lo que convirtió a Oregon en el tercer estado en aprobar el compostaje humano, después de que Washington lo hiciera en 2019 y Colorado el mes pasado.

El primer centro funerario de compostaje humano del mundo se inauguró en 2021

"Creo que si existe una opción que cumpla con los códigos de salud y seguridad, que haya sido validada por la ciencia, no hay razón por la que no debamos hacer que todas esas opciones estén disponibles", dijo Marsh a Vice. "Estas son opciones difíciles y la gente necesita hacerlo poder tomar decisiones que se alineen con sus valores", resaltó.

Y esos valores son los de los ambientalistas, que hace ya mucho tiempo que están pidiendo proyectos como este para cuidar el planeta de los entierros tradicionales y la cremación. Es que estos dos métodos, por tradicionales e históricos que sean, contaminan el ambiente. 

Los entierros tradicionales, en los que se embalsama un cadáver con formaldehído y se coloca en un ataúd subterráneo, ocupan permanentemente grandes extensiones de tierra y se ha descubierto que filtran toxinas en el suelo y las vías fluviales cercanas. Por su parte, la cremación, en la que un cuerpo se quema hasta convertirlo en cenizas, es una succión de energía y emite contaminantes dañinos y dióxido de carbono a la atmósfera, lo que contribuye al calentamiento global. 

El compostaje humano, la opción ecológica

A diferencia del entierro tradicional o la cremación, el proceso de la llamada reducción orgánica natural tiene una huella ambiental mucho más pequeña. Una de las empresas líderes en este ámbito es Recompose, que es, de hecho, la primera funeraria de compostaje humano de Estados Unidos. 

¿Cómo hace su trabajo? Es un proceso largo. Primero se coloca al cadáver en un cilindro de fibras naturales o un ataúd ecológico, sin intervención química de ningún tipo. Una vez ahí, se rellena el compartimento con materiales orgánicos, como astillas de madera, plantas, alfalfa y paja, ideales para generar  un ambiente rico en carbono y nitrógeno. Después se coloca en un cilindro, se lo calienta y se gira repetidamente durante varias semanas con un gancho. 

El compostaje humano lleva 30 días

Todo este ritual hace que el cuerpo se descomponga rápida y naturalmente. "Todo —incluidos los huesos y los dientes— se transforma", detalló el sitio de Recompose. "También removemos el material en distintos momentos durante el proceso para asegurar una descomposición completa". 

Al cabo de 30 días, al abrir el contenedor hexagonal de acero, donde se dejó el cuerpo, se separan —"y se reciclan, cuando esto es posible", agregó la explicación— elementos como marcapasos, caderas artificiales y cualquier otra prótesis o auxiliar artificial que la persona haya necesitado en vida. “El material que devolvemos a las familias se parece mucho al humus que se compra en los viveros”, completó el sitio.

“Al final de nuestro proceso, todo lo que queda es una tierra suave y hermosa”, concluyeron. Este abono, rico en nutrientes, puede devolverse a la familia o usarse para plantar. 

Recompose propone una solución alternativa que es apoyada por los ambientalistas de Estados Unidos

"Se siente como una opción muy pacífica", dijo Jodie Buller, miembro de la junta de Conservation Burial Alliance. “La idea de que la tierra en la que alguien se convierte puede usarse para nutrir plantas le hace sentir muy bien a la gente. Ayuda a romper algo de ese tabú sobre la muerte y el morir ". 

La nueva legislación también aclara las reglas que rodean la hidrólisis alcalina, conocida como cremación acuática. La ley entra en vigor el 1 de julio de 2022.

La práctica sigue siendo ilegal en la mayoría de los estados, dejando a quienes desean una opción ecológica al final de su vida útil con una gama limitada de opciones. Pero los legisladores en estados como Nueva York y Delaware , en los últimos meses, han considerado proyectos de ley que cambiarían esto. Si se adopta ampliamente en todo el país, el compostaje humano podría reducir el impacto ambiental de la industria funeraria de EE. UU.

Se vienen los cementerios de compostaje humano

Este año se inauguró en Seattle, Washington, el primer cementerio para los cadáveres convertidos en abono. El impresionante edificio tiene 1.720 metros cuadrados y un precio de 5.500 dólares por persona, más que una cremación básica pero menos que la mayoría de los funerales. 

El costo del cementerio incluye además el transporte para los habitantes de Washington, pero la recomposición también estará disponible para las personas de otros estados o países que puedan organizar el transporte.

Los cementerios de compostaje comenzarán a construirse a medida que se aprueben leyes de reducción orgánica natural 

Se estima que se ahorrará una tonelada de CO2 cada vez que se reduzca orgánicamente a una persona en lugar de ser incinerada o enterrada convencionalmente. Además, Recompose aseguró que “minimizan los desechos, evitan la contaminación de las aguas subterráneas con líquido embalsamador y evitan las emisiones de CO2 de la cremación y de la fabricación de ataúdes, lápidas y revestimientos de tumbas“.

La única excepción serán las personas que hayan muerto de una enfermedad de priones, como el equivalente humano del síndrome de la vaca loca, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, ya que no hay prueba concluyente de que la descomposición destruya los agentes infecciosos que forman las proteínas priónicas. “Del mismo modo, alguien que ha muerto de una enfermedad altamente contagiosa como el ebola no sería candidato para la reducción orgánica”, advirtió Recompose.