La pandemia de coronavirus ha mostrado desde su aparición diversas manifestaciones, la más dolorosa de las cuales ha sido la muerte de varios millones de personas, y muchos millones más con secuelas permanentes, y una de las últimas y que prácticamente se ha esparcido con un alcance tan vasto con el del mismo virus es la política, con fuertes golpes a los oficialismos a lo largo del mundo, con muy raras excepciones.

Ejemplos como los de Israel, Canadá, Alemania, España, Estados Unidos y la propia Argentina en las últimas PASO, nos muestran que en general, y más allá de los diversos tratamientos que le han dado a la pandemia y a sus consecuencias económicas y sociales, son los oficialismos que han gerenciado la lucha contra el coronavirus durante un año y medio los que han pagado los principales costos políticos de esa pelea.

Y es que con las particularidades de cada país, la dirigencia que se encontraba al frente del Poder Ejecutivo cuando la covid 19 comenzó a hacer estragos es la que más ha visto disminuir su caudal electoral en los diferentes comicios que se vinieron sucediendo desde entonces, de la mano de un cocktail repetido universalmente: fuerte caída del PIB, suba del desempleo y la pobreza y como consecuencia, amplio descontento social.

Podemos comenzar por la principal potencia del mundo, los Estados Unidos, donde al excéntrico Donad Trump, que pintaba para una reelección cómoda en medio de un auge económico sostenido, la subestimación del coronavirus primero y su errática gestión posterior le costaron en gran medida la derrota frente al actual mandatario Joe Biden. 

¿La fórmula de Biden? Además de mostrar un estilo moderado frente a la permanente postura confrontativa de Trump, el líder demócrata prometió una agresiva campaña vacunatoria, además de esbozar un posible plan postpandemia que mostraba una luz de esperanza que los discursos del entonces presidente republicano, negacionistas como siempre, no exhibían. Y eso a pesar de que muchos de los subsidios que se aplicaban hasta hace poco tiempo a las personas más afectadas por la pandemia fueron implementados por el propio Trump, y luego engrosados por Biden.

Chau Merkel

En Alemania, el anunciado retiro de la canciller Angela Merkel tras 16 años en ese puesto (nadie habla de que se "eternizó en el poder") fue coronado por el peor resultado electoral en la historia de su partido, la CDU, con el 24,06%, que cedió el primer lugar a sus ex socios socialdemócratas del SPD, quienes si bien no hicieron una elección extraordinaria, se quedaron con el primer lugar con el 25,7% de los sufragios, lo que los habilita a liderar una futura coalición de gobierno.

También en el caso alemán, el cansancio social derivado de las estrictas medidas tomadas por el Ejecutivo en consonancia con los gobiernos estaduales, fue el principal impulsor del voto contra el oficialismo. Está claro que no fue el unico motivo, como muestra el avance de la ultraderecha en lo que fuera Alemania Oriental durante la Guerra Fría, atribuido a un sentimiento de "abandono" por parte de sus habitantes. Pero sí fue un componente esencial, más allá del enorme volumen de dinero estatal que se destinó en forma de subsidios para los alemanes más desfavorecidos por las cuarentenas y los cierres parciales.

En Israel, Benjamín Netanyahu se convirtió en titular del Poder Ejecutivo entre 1996 y 1999, por primera vez, sucediendo a Shimon Peres como el decimocuarto primer ministro del país. Luego regresó en 2009 reemplazando a Ehud Olmert y mantuvo su puesto hasta junio de este año, cuando una amplia coalición que incluía a fuerzas tanto de derecha como de izquierda logró desplazarlo del poder. Netanyahu fue victima tanto de la fragmentación política israelí, que llevó a cuatro elecciones en el término de dos años, como de una opinión pública que se cansó de las cuarentenas y las restricciones, y de las acusaciones de corrupción en su contra. Y no le alcanzó con el lanzamiento de una de las más vastas y efectivas campañas de vacunación para revertir la tendencia en su contra.

En Canadá, donde el acceso a vacunas fue amplio e incluso sobrepasó las necesidades de la población y hubo también subsidios para los sectores más afectados por la pandemia, la convocatoria a elecciones anticipadas por parte del primer ministro Justin Trudeau no resultó como éste esperaba, en una mayoría que le permitiera gobernar sin necesidad de aliados, ya que aunque ganó, perdió votos respecto de la anterior elección, y deberá seguir administrando el gobierno canadiense en minoría.

En España, el PSOE del presidente Pedro Sánchez también sufrió un "voto castigo" en las elecciones autonómicas en todo el país. Tal vez el cachetazo más sonoro fue el propinado por Isabel Díaz Ayuso, del Partido Popular, quien ganó holgadamente en Madrid bajo los lemas de "ir de cañas" y "vivir a la madrileña", en clara oposición a las restricciones establecidas desde el gobierno nacional durante los meses más duros de la pandemia.

El caso del Reino Unido es otro ejemplo de cómo la pandemia ha afectado a los poderes ejecutivos que debieron afrontar la pandemia como principal foco de los esfuerzos estatales. Tras un comienzo dubitativo en la lucha contra el coronavirus, el primer ministro Boris Johnson impuso cuarentenas y estrictas medidas de sanidad, además de impulsar una fuerte campaña de vacunación apenas el antígeno estuvo disponible. Y aunque logró disminuir fuertemente la cantidad de muertes e internaciones, y reabrir prácticamente por completo las actividades en las Islas Británicas, Johnson realizó un profundo cambio de gabinete hace pocas semanas, en un intento de "relanzar" su gestión tras el desgaste sufrido por la lucha contra la covid-19.

Rara avis

Uno de los escasos ejemplos de oficialismos triunfantes lo dió la Rusia del zar sin corona Vladimir Putin. Tras las elecciones parlamentarias de septiembre de este año, el oficialista Rusia Unida contará con más de dos tercios de los 450 asientos del Parlamento, según BBC Mundo, que no obstante perdió votos respecto de la elección de 2016, cuando obtuvo el 54% de los votos. En el último comicio, Rusia Unida superó levemente el 50% de los sufragios.

Otro de los raros ejemplos de resultados positivos para un oficialismo "gestor" de la pandemia fue el de Jacinda Ardern en Nueva Zelanda. La gobernante fue reelecta en octubre de 2020, en base a una efectiva política de contención del virus, favorecida por una excelente comunicación y un carisma a toda prueba, además de un hecho fundamental para frenar cualquier infección foránea: Nueva Zelanda es una isla.

El Partido Laborista liberal de Ardern logró el 49% de los votos, contra el 17% de la segunda fuerza, el conservador Partido Nacional.

Con la pandemia en aparente retroceso merced al avance de los procesos vacunatorios, las elecciones por venir marcarán si sigue el repliegue popular de los oficialismos, o consiguen revertir la desconfianza de los electores y esta suerte de "que se vayan todos" global.