George Floyd, el afroamericano que fue asesinado por un policía de Minneapolis, y cuyo caso despertó una ola de protestas contra el racismo en los Estados Unidos y otros países, fue enterrado hoy en el cementerio Memorial Gardens en Pearland, Houston, la ciudad texana donde creció, luego de un recorrido en un carruaje tirado por caballos.

Previo al último adiós, tras una semana de funerales en varias ciudades, se realizó una última ceremonia desde la media mañana en la iglesia The Fountain of Praise, que duró casi cuatro horas.

Además, unos 500 invitados, incluyendo el campeón de boxeo Floyd Mayweather que, según la prensa local, corre con todos los gastos del sepelio, participaron de la ceremonia. También estuvo presente el popular actor Jamie Foxx.

En tanto, el ex vicepresidente Joe Biden, quien aspira a derrotar a Donald Trump en los comicios presidenciales de noviembre, se dirigió a la familia de Floyd a través de un video: "Cuando haya justicia para George Floyd, realmente estaremos en camino hacia la justicia racial en Estados Unidos. Y luego, como dijiste Gianna, tu papá habrá cambiado el mundo".

Por su parte, el reverendo Al Sharpton, quien encabezó la ceremonia, envió un fuerte mensaje con una clara alusión a Trump por su accionar ante las protestas tras el crimen de Floyd: "Se utilizan balas de goma y gas lacrimógeno para desalojar a los manifestantes pacíficos y luego se toma una Biblia y se camina frente a una iglesia y se la usa como apoyo. Maldad en las altas esferas".

George Floyd fue sepultado junto a su madre, quien fue nombrada por la víctima cuando agonizaba bajo la rodilla de un policía. El lunes se celebró un servicio fúnebre público en Houston, con unos 6.000 asistentes.
 
Durante 14 noches, cientos de miles de personas protestaron en Estados Unidos por su muerte y, en muchas ciudades, fueron enfrentados con una masiva represión policial.
 
Algunos manifestantes cometieron incendios y saqueos y se enfrentaron con la policía, lo que llevó a que muchos gobernadores y el propio presidente desplegaran a miles de agentes de la Guardia Civil, militarizando las calles y alimentando aún más el caos durante varias noches.
 
La violencia alrededor de las protestas ha amainado en la mayoría del país, pero los manifestantes han prometido continuar el pulso en las calles y las presiones a los políticos hasta que las autoridades lidien con el racismo.
 
Por el momento, este movimiento de protesta ya consiguió cambios y promesas de cambios en Minneapolis y Nueva York, y sanciones para policías en muchas más ciudades.