El Fondo Monetario Internacional (FMI) amplió su red de seguridad para algunas de las economías más grandes de América Latina, cuando la pandemia global golpea a la región.

Después de que los mercados se desplomaran en el primer trimestre, Chile y Perú se apresuraron a unirse a México y Colombia como las únicas naciones del mundo con acceso a la Línea de Crédito Flexible (LCF) del Fondo.

El mes pasado recibieron la aprobación y los cuatro países ahora pueden recurrir a US$107.000 millones en fondos, la décima parte de la capacidad crediticia total del FMI.

Las líneas de crédito son de USD61.000 millones para México, USD24.000 millones para Chile y cerca de USD11.000 millones para Perú y Colombia. Eso excede los fondos totales que el FMI reservó para más de 100 países en todo el mundo, que mostraron interés en el financiamiento de emergencia

para hacer frente a las consecuencias del covid-19. Los países pagan una tarifa de compromiso anual en función de su nivel de acceso, y el costo de México es el mayor, con US$163 millones.

Las LCF están disponibles para países con un historial de formulación de políticas monetarias responsable, pero que también son vulnerables a los impactos externos, y carecen de las condicionalidades de otras líneas del organismo.

Europa tiene el Mecanismo Europeo de Estabilidad para brindar ayuda financiera a los miembros en apuros y Asia tiene la Iniciativa Chiang Mai, sin embargo, América Latina no tiene un mecanismo regional de respaldo comparable. De ahí la creciente importancia del FMI.

Entre las economías más grandes de América Latina, solo las reservas internacionales de Perú igualaron al menos 20% de su producto interno bruto el año pasado.

América Latina se ha visto afectada por la pandemia mundial en parte debido a sus débiles sistemas de salud, capacidad limitada de prueba y grandes economías informales que dificultan el distanciamiento social. La región actualmente representa casi 50% de las muertes diarias por coronavirus.

La línea de crédito flexible se creó en 2009 para alentar a los países a solicitar ayuda cuando enfrenten crisis severas. México fue el primero en solicitarla. Si un país la pide, debe repagarla en un plazo de 3,25 a 5 años.

Por ahora, las líneas de crédito continúan siendo tratadas como un respaldo, para complementar las reservas internacionales en caso de emergencia.

Pero si hay otra fuerte recesión, es posible que los cuatro países recurran a los fondos.