La Unión Europea y el Mercosur comenzaron en Bruselas una nueva ronda de negociaciones para sellar un acuerdo comercial, tras varias semanas en las que ambos bloques advirtieron sobre falta de compromiso y flexibilidad para cerrar un tratado que lleva casi dos décadas de demora.

La ronda de negociaciones, que se prolongará previsiblemente hasta la próxima semana, reúne a los jefes negociadores y equipos de expertos de ambos bloques para buscar un consenso en los asuntos en los que aún no han logrado un acuerdo.

Los capítulos más espinosos continúan siendo los coches, las piezas de automoción, las indicaciones geográficas, el transporte marítimo y los productos lácteos, todos ellos asuntos claves que deben quedar cerrados antes de poder dar el "salto" al nivel político en las negociaciones.

El paso de las conversaciones a un perfil más político en lugar de técnico, con comisarios europeos y cancilleres en lugar de negociadores, no garantiza un resultado positivo, pero se trata de un paso necesario antes de llegar a un acuerdo político en el pacto.

El Mercosur se ha resistido a una propuesta europea de un arancel de 98 euros por tonelada para las importaciones de azúcar y una cuota para las importaciones de etanol que, sostienen, es demasiado pequeña.

A su vez, la UE aún debe decidir sobre la oferta del Mercosur de reducir a la mitad los aranceles a los autos importados antes de reducirlos gradualmente durante un período de transición de hasta 15 años.

También hay desacuerdos en áreas como la carne de vacuno del Mercosur y los productos lácteos europeos, así como regulaciones sobre propiedad intelectual y reglas de origen para varios productos.

Los últimos contactos entre el bloque europeo y los integrantes del Mercosur habían sido una discusión a nivel técnico a mediados de mayo y una ronda de negociación que se celebró entre el 4 y el 8 de junio en Montevideo.