El Vaticano reclamó implementar acciones de control sobre el sistema financiero porque el mercado “es incapaz de regularse a sí mismo”, al tiempo que advirtió sobre la “especulación” de los fondos de inversión con los títulos de deuda pública en el mundo.

“La experiencia de las últimas décadas ha demostrado con evidencia, por un lado, lo ingenua que es la confianza en una autosuficiencia distributiva de los mercados, independiente de toda ética”, criticó la Santa Sede a través del documento “Oeconomicae et pecuniariae quaestiones” (Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero”).

El texto producido por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y la Congregación para la Doctrina de la Fe fue aprobado y “ordenada su publicación” por el papa Francisco según indica el material de 34 puntos difundido ayer.

En el escrito, la Santa Sede hace hincapié en “la impelente necesidad de una adecuada regulación, que conjugue al mismo tiempo libertad y tutela de todos los sujetos que en ella operan en régimen de una sana y correcta interacción, especialmente de los más vulnerables”.

“Ese potente propulsor de la economía que son los mercados es incapaz de regularse por sí mismo”, advierte el documento. A lo largo de un pantallazo sobre el funcionamiento del sistema económico-financiero internacional, el documento lamenta que, “lo que había sido tristemente vaticinado hace más de un siglo, por desgracia, ahora se ha hecho realidad: el rendimiento del capital asecha de cerca y amenaza con suplantar la renta del trabajo”.

“Esta práctica es particularmente deplorable, desde el punto de vista moral, cuando unos pocos, por ejemplo importantes fondos de inversión, intentan obtener beneficios, mediante una especulación encaminada a provocar disminuciones artificiales de los precios de los títulos de la deuda pública”, mostró con preocupación la Santa Sede.

Esa situación se da, de acuerdo al documento dado a conocer por el cardenal ghanés Peter Turkson, “sin preocuparse de afectar negativamente o agravar la situación económica de países enteros, poniendo en peligro no sólo los proyectos públicos de saneamiento económico sino la misma estabilidad económica de millones de familias”.

Así, se obliga “al mismo tiempo a las autoridades gubernamentales a intervenir con grandes cantidades de dinero público, y llegando incluso a determinar artificialmente el funcionamiento adecuado de los sistemas polí- ticos”, critica el Vaticano.

En el texto, el Vaticano advierte con preocupación que “no es posible ignorar que las sedes offshore se han convertido en lugares de lavado de dinero “sucio”, es decir, fruto de ganancias ilícitas (robo, fraude, corrupción, asociación criminal, mafi a, botín de guerra...)”.