Se sentía el pánico. Sonaban sirenas por todas partes. La gente corría por las calles, intentaba alejarse de las dos moles de 110 pisos que se incendiaban. Había un humo denso: todos se tapaban la nariz y la boca. La policía trataba de alejar a los curiosos. Era el apocalipsis y ocurría en el corazón del mundo económico. Lo que se incendiaba, lo sabían los que corrían, lo sabían los que empezaban a ver la noticia en vivo, era el simbólico monumento al progreso estadounidense.

Habían pasado apenas unos minutos de las 9 de la mañana en Nueva York y un episodio propio de la ciencia ficción sacudía al mundo, que miraba por TV cómo un avión de pasajeros se estrellaba contra un edificio gigante. Por primera vez un atentado terrorista era visto en vivo y en directo. Las Torres Gemelas del World Trade Center eran su blanco, con sus 50.000 trabajadores y sus 150.000 visitantes diarios.

Había cientos de personas en las calles. “No hubo alarmas”, decían los sobrevivientes, sorprendidos: “simplemente se escucharon unas explosiones”. Como si supieran lo que iba a suceder, tenían miedo de que hubiera más. Y hubo más. “Es un pandemónium aquí”, decían las voces latinas por los canales de televisión.

Los cronistas hablaban de “la crueldad de utilizar vuelos regulares para hacer blanco en edificios civiles... con miles de muertos...”, decían. Los números de víctimas van a ser extraordinariamente altos, calculaban. “Por Dios, ¿cuántos muertos habrá?” se preguntaban.

"Era una zona de guerra", decían los rescatistas

Había ocurrido: dos aviones se estrellaron contra las dos torres de las oficinas que marcaban el pulso económico, no sólo de Estados Unidos, sino de todo el mundo. Aún sin certezas, se especulaba: no pudo tratarse de un accidente.

Los 18 minutos de diferencia cronometrados entre uno y otro impacto mostraban por TV la vulnerabilidad de la primera potencia mundial, como si hubiera sido planeado para que las cámaras estuvieran ahí.

Así lo describió William Rodríguez: “Lo que vi fue terrible... El oficial de bomberos me dijo en el piso 39, donde ayudábamos a la gente a salir, que bajara. Me salvó la vida, pero él no pudo salir... Primero escuchamos una explosión terrible y luego vimos aparecer un hombre con toda la piel colgando. De inmediato el sistema antiincendios comenzó a tirar agua y empezó a inundarse todo. Cuando salí vi cuerpos incrustados en el piso, era gente que saltó al vacío”.

Rodríguez no pudo acatar la orden de la policía. “Nos gritaban que no miremos hacia atrás, pero yo no pude y vi decenas de personas incrustadas en el piso. Entonces con tres bomberos nos refugiamos bajo un camión de bomberos y la torre se cayó, los escombros taparon el camión y nos salvamos”, explicó.

“Cuando bajé por última vez ya el hotel Marriot no estaba más”, siguió Rodríguez, “se había derrumbado por completo y allí había mucha gente”.

Bush recibió la noticia mientras leía un cuento en una escuela

Mientras Rodríguez salvaba su vida de milagro, el presidente George Bush leía un cuento a los niños de una escuela de Florida. Fue interrumpido. Bajó apenas la cabeza y prestó su oído a un asesor que lo puso al tanto de lo ocurrido en Nueva York. Unos minutos después hablaba para la TV.

9.26 horas. Bush dijo que el impacto de dos aviones contra las torres gemelas era “una tragedia nacional” y que se trataba de “un aparente ataque terrorista a nuestro país... Quiero que se unan a mí en este momento... que Dios bendiga a las víctimas”, añadió. Y pidió un minuto de silencio...

En ese momento, todos gritaban en Nueva York.

La TV repitió entonces por centésima vez el impacto del segundo de los aviones contra la Torre Sur, pero pronto interrumpió la transmisión para informar sobre otro atentado: evacuaban la Casa Blanca. Otro avión había caído sobre el Pentágono.

Apenas habían pasado 44 minutos de las 9 de la mañana en Nueva York y la CNN daba cuenta del incendio en el Pentágono. El corazón de la Defensa norteamericana herido. El símbolo de la seguridad mundial lastimado en su corazón.

“No es sólo otro capítulo en la historia del mundo que se abre, es otro libro...”, dijo el ex canciller Dante Caputo en alguna radio porteña, consternado por las imágenes que le presentaba la TV y los imprevisibles sucesos.

Nelson Castro fue testigo del horror en Nueva York

“Todo está muy desorganizado. Vemos bomberos y oficiales de policía tratando de organizar el tránsito”, contó el periodista Nelson Castro para Todo Noticias y La Red, que se disputaban su voz. El conductor de radio y televisión estaba a 25 cuadras de las Torres y daba un panorama desolador que sólo se explicaba con las primeras declaraciones de los voceros de la Casa Blanca: “Teníamos muchas hipótesis, menos un ataque aéreo a la ciudad de Nueva York...”.

—No recuerdo que hubiera llamada de emergencia, todo el mundo tomó sus identificaciones y salió corriendo —dijo un sobreviviente.
—¿Piensa que pudo salir la mayoría de la gente antes de que el segundo avión se estrellara? —preguntó el cronista.
—Tengo entendido que pudo salir la mayoría —dijo el hombre.

Pero todo era una incógnita. Estados Unidos entraba en alerta. El reloj marcaba las 9.58 cuando la presentadora de noticias de una de las cadenas americanas se desmayó. Era apenas una muestra del pánico que había en las calles, en el mundo ante cuyos ojos se derrumbaban las Torres Gemelas.

Todas las calles de Nueva York estaban cubiertas de polvo blanco

Una mujer cubierta en polvo blanco trataba de alejarse de la tragedia; la parte baja de Manhatan estaba cubierta de polvo blanco. La ciudad estaba cubierta y sólo una enorme nube se veía desde el mar.

Nueva York no estaba en silencio como había pedido Bush. Se sentía el sonido de los que pretendían escapar, aún sin saber de qué, de los que volvían a sus casas. Y la de los rescatistas.

“Veo algo que no podíamos haber imaginado nunca. La peor pesadilla. Las pérdidas de vidas son impresionantes... sé que hay unas 50.000 personas que trabajan en las torres, todas las ambulancias están en el sitio. Tenemos planes para responder a un desastre, pero nadie, nadie podría pensar en un hecho de estas características. Todo el mundo está trabajando, esta parece una zona de guerra, tenemos que tratarla como tal...”, describían los rescatistas.

Hubo 3.000 muertos aquel 11 de septiembre. Lo que no se sabe es cómo un hombre como Osama Bin Laden, quizá primitivo y relativamente inofensivo para la principal potencia del mundo, pudo haber realizado un atentado de tales características sin que nadie lo hubiera advertido.

Más notas de

Miguel Graziano

El atentado a las Torres Gemelas, un apocalipsis de polvo blanco y explosiones que nadie vio venir

El atentado a las Torres Gemelas, una tragedia sin comparación

Quién es Mario Baudry, el excuñado de Balcedo que fue investigado por el Vaticano que renunció al Gabinete de Berni

Baudry se define como "escritor y abogado"

Coronavirus: Cómo es el protocolo para “morir acompañado”

"Morir acompañado", el protocolo creado en el hospital Rossi, de La Plata

El surf salió del aislamiento y se corre en toda la costa atlántica

El surf vuelve en las frías aguas de Mar del Plata

Una feliz ocurrencia para sobrevivir al aislamiento con 26 pibes

Los chicos llegaron a Las Tahonas un día antes del aislamiento preventivo, social y obligatorio

Escapada instagrammer de fin de año para probar el vino en lata

Felices por la inesperada escapada de fin de año

Tras su mínimo histórico, la industria del vino espera levantar cabeza este año

El consumo de vino tocó su mínimo histórico en 2018, cuando se consumieron 18,77 litros per cápita

Día de estrés para el dólar: cortó la racha y volvió a subir

Pronostican menos calma

“Incentivar la grieta no es gobernar”, aseguró Urtubey

“Incentivar la grieta no es gobernar”, aseguró Urtubey

"El Gobierno no está canalizando bien la problemática social"

"El Gobierno no está canalizando bien la problemática social"

noticias relacionadas