Ataques aéreos y de artillería del ejército sirio mataron a 250 personas en los últimos tres días en el principal bastión rebelde a las afueras de Damasco, informaron ayer activistas, en medio de una creciente frustración y alarma en la ONU, la Cruz Roja y otras organizaciones por la campaña de bombardeos considerada despiadada.

Grupos rebeldes de la zona de Ghouta Oriental respondieron lanzando cohetes contra Damasco que dejaron al menos ocho muertos y provocaron pánico en la capital, la sede del poder del gobierno del presidente Bashar Al Assad y única ciudad que se mantuvo inexpugnable en los casi ocho años de la devastadora guerra.

La organización afín a la oposición siria Observatorio Sirio de Derechos Humanos informó que al menos 106 personas, entre ellos 19 menores y cinco mujeres, murieron hoy en los ataques a varias de las localidades que forman Ghouta Oriental, una de las zonas más afectadas por la violencia desde el inicio del conflicto, en marzo de 2011.

En uno de los bombardeos, un hospital de la localidad de Hamuriya quedó fuera de servicio al caer la noche tras ser alcanzado por tres barriles bomba lanzados desde un helicóptero, agregó el Observatorio, que no pudo precisar si hubo víctimas.

La Sociedad Médica Siria Americana (SAMS) denunció en un comunicado que desde ayer hubo siete ataques contra hospitales en Ghouta Oriental, donde tres trabajadores sanitarios han muerto, dos de ellos miembros de SAMS.

Los renovados bombardeos llegan un día después de la muerte de otras 127 personas, incluyendo 20 niños y 15 mujeres, en la jornada más mortífera en la región suburbana desde 2015, según el Observatorio, que tiene su sede en Londres y una red de informantes en Siria.

Otras 17 personas fallecieron el domingo, lo que eleva a 250 la cifra de víctimas mortales en tres días, agregó la organización.

Además, al menos 1.200 personas han resultado heridas por este aumento de las hostilidades en la zona suburbana, adonde la ONU logró ingresar la semana pasada el primer cargamento con ayuda humanitaria desde octubre pasado, con alimentos y medicinas para 7.000 de los 400.000 civiles que se estima viven atrapados allí.