Como si no fuera suficiente con haber sido el primer presidente afroamericano en la historia de Estados Unidos, Barack Obama volvió a romper un molde con la reciente publicación del primer tomo de sus memorias, en las que pasa sus excepcionales vivencias por el tamiz de una perspectiva singularmente humana.

En el extenso primer volumen de "Una tierra prometida", que llegó a las librerías de todo el mundo hace menos de una semana, Obama recrea de manera descarnada, pero a la vez sin dramatismo, cómo afrontó -y asimiló- las diversas experiencias por las que atravesó en su carrera hacia la Casa Blanca y, sobre todo, una vez que estuvo en ella.

El estilo ameno y la naturalidad con que fluye el relato, casi como si el narrador fuera un testigo y no el protagonista, aborda las responsabilidades que debe asumir el gobernante de una de las mayores potencias mundiales ni la preocupación por la cotidianeidad de quien no está dispuesto a sacrificar su familia por una carrera profesional.

Rrecrea sus desvelos, y los de su esposa Michelle, por evitar que la vida excepcional que se aprestaban a comenzar a vivir a partir del 20 de enero de 2009 afectara la formación de sus hijas, y algunos detalles que lo llvan a añorar una época de convivencia democrática a la que la creciente polarización política parece haber puesto entre paréntesis en buena parte del mundo occidental.