La pandemia de Covid-19 algún día va a terminar, aunque inmersa como está América Latina en plena lucha contra ella parezca que nunca va a tener fín. Pero sí, un día esto también pasará, y además del horroroso saldo de miles y miles de muertos, el coronavirus puede dejar para la región un corolario que amenaza extenderse al menos por una década: trabajadores poco calificados que se ven obligados a trabajar cada vez más en la informalidad, bajos salarios y mayor vulnerabilidad socioeconómica.

Así lo indica un nuevo informe del Banco Mundial, que advierte que ese sector de trabajadores se enfrentarán durante ese periodo, que podría transformarse en una nueva "Década Perdida" para América Latina, a pérdidas de ingresos y a peores condiciones laborales.

El texto dado a conocer pocos días atrás por la entidad multilateral surgida poco después de la Segunda Guerra Mundial, advierte que la crisis económica que actualmente padece Latinoamérica tendrá efectos duraderos sobre su siempre frágil estructura de empleo, por lo cual muchas personas podrían quedar de manera permanente fuera de los límites de la economía formal.

El estudio indica que, de media, tres años después de una recesión se pierden 1,5 millones de empleos en la región, con una contracción del 3% en el empleo formal y una expansión del empleo informal. La crisis actual podría ser incluso peor y provocar una contracción del 4% en el empleo formal, según reflejó en un artículo el sitio web Europa Press.

Medidas

En el actual escenario, y después de meses en los cuales los países latinoamericanos implementaron en muchos casos cuarentenas y medidas de distanciamiento de distinto tenor para intentar frenar el avance del virus, los trabajadores de menor calificación aparecen como los más afectados, profundizando las desigualdades persistentes en la región latinoamericana, en la que dos tercios de los países que la integran carecen de programas de seguro de desempleo.

"La recuperación económica con frecuencia ha sido un mito en términos de creación de empleo", destacó el vicepresidente del Banco Mundial para Latinoamérica y el Caribe, Carlos Felipe Jaramillo, quien estimó que las políticas correctas "pueden ayudar a limitar el impacto de las crisis sobre el empleo y a promover la creación de más puestos de trabajo en la fase de recuperación".

Como ejemplo de que el empleo no se recupera al mismo ritmo que la economía en general, los técnicos del organismo repasan los datos de algunos de los shocks más grandes que tuvieron lugar en la región en las últimas décadas. Entre ellos, destaca la crisis de deuda brasileña, los efectos de la crisis financiera asiática en Chile y el impacto de la crisis mundial de 2008-2009 en México. Y destacan que en ninguno de los casos se materializó una recuperación rápida en términos laborales, lo que se observa en las desviaciones muy negativas de las curvas de empleo a causa de estas crisis, un efecto que, lejos de revertirse, se profundizó con el paso del tiempo.

Ante este panorama que amenaza con repetirse, las políticas públicas deben enfocarse en proteger a los trabajadores de este fuerte impacto a largo plazo mediante el uso de seguros de desempleo, redes de seguridad social y programas de reconversión, además de facilitar la creación de empleo y ayudar a los trabajadores a "estar donde están los empleos", señala el informe.

"Debemos aprovechar la oportunidad de reconstruir mejor", enfatizó la economista senior del Banco Mundial y autora principal del informe, Joana Silva. "Debemos fortalecer nuestros mercados de trabajo para que sean capaces de sobrellevar y revertir rápidamente el impacto de los shocks futuros", agregó.

El organismo apuesta por avanzar hacia un contexto macroeconómico "sólido y prudente" para la post pandemia, con estabilizadores automáticos que protejan a los mercados laborales frente a potenciales crisis. Esto, sumado a una política fiscal y monetaria "sana", puede preservar la estabilidad macroeconómica y evitar las presiones financieras sistémicas de cara a un eventual shock.

En esa línea, la institución aconseja a los Gobiernos adoptar reformas fiscales claramente orientadas a moldear un marco tributario menos distorsionado, gasto público más eficiente, sistemas jubilatorios sostenibles en términos financieros y normas fiscales claras, lo que constituiría "la primera línea de defensa ante las crisis", de acuerdo con el texto.

Esfuerzos combinados

El Banco Mundial señala que una deficiencia importante frente a los desafíos que afronta la región es que segmentos notorios de la fuerza laboral se manejan en la informalidad, por lo que no son alcanzados por los seguros de desempleo tradicionales.

Para los técnicos del organismo resulta "imperativo" incrementar la capacidad de las políticas laborales y de protección social de la región, combinándolas con sistemas que brinden ayuda financiera y preparen a los trabajadores para los nuevos trabajos a través de ayuda para la reconversión y la recolocación laboral.

Una reacción rápida tras la pandemia por parte de los gobiernos, en el sentido de ampliar los programas laborales y de protección social, puede servir para avanzar en la elaboración de registros sociales de mayor calidad y más integrados, según el informe. "Esto es viable en el corto plazo y puede marcar la diferencia en cuanto al alcance de estos programas", destaca el Banco Mundial.

No obstante, la entidad advierte a los Gobiernos que contar con estabilizadores macroeconómicos más fuertes y reformas en los sistemas laborales y de protección social no será suficiente, ya que es necesario impulsar la recuperación del mercado laboral a través de una fuerte creación de empleo, para lo cual se deben solucionar problemas estructurales en políticas de competencia, regionales y normas laborales. "Si los países no tratan de resolver estos temas fundamentales, la recuperación seguirá caracterizándose por una escasa creación de empleo", concluye el informe.