l presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, anunció una reforma fiscal para sortear la crisis económica provocada por la pandemia de coronavirus, más allá de considerar "fundamental" que los fondos de reconstrucción europea lleguen cuanto antes. "Una reforma fiscal es inevitable", afirmó el líder socialista en su primera entrevista televisiva -con el canal La Sexta- desde que España dejó atrás el estado de alarma y el confinamiento.

"Tenemos ingresos públicos siete puntos por debajo de la media europea", argumentó el mandatario. "Queremos tener un estado de bienestar robusto y lo haremos con justicia fiscal", prometió. Sánchez, cuyo Partido Socialista (PSOE) gobierna en coalición con la fuerza de izquierda Unidas Podemos (UP) desde enero último, subrayó que la crisis del coronavirus cambió los objetivos, ya que su meta era llegar en cuatro años a un "déficit cero" y ahora "las costuras fiscales saltaron".

"Tenemos que salvar vidas y ayudar a la gente", remarcó mientras el desempleo sigue en aumento y el PBI cae en picada, con una previsión de terminar el año con un desplome de entre el 8 y el 12%.  En este contexto, el Gobierno progresista español aprobó una batería de ayudas sociales y subsidios -así como créditos- para las empresas para evitar que la crisis sea más profunda.

Para financiar este gasto, no obstante, Sánchez consideró que es "fundamental" que se ponga en marcha durante este mes el fondo de reconstrucción económica de la Unión Europea (UE) de 750.000 millones de euros, pero, además, dejó claro que "hay que aumentar los ingresos del Estado con una reforma fiscal.

Consultado sobre sí la reforma fiscal supondrá más impuestos para las clases medias, respondió que "significará subir impuestos a la grandes cooperaciones y no a las pymes".

Remarcó que se intensificarán los impuestos "verdes" o medioambientales ya anunciados por el Gobierno de coalición, al tiempo que se desmarcó del impuesto a las grandes fortunas que promueve su socio de Unidas Podemos, Pablo Iglesias.

En ese sentido, Sánchez consideró que esa figura fiscal puede quedarse en un "fetiche", mientras existen otros gravámenes más eficaces para los altos patrimonios.