Los gobiernos de China y Estados Unidos retomarán esta semana las negociaciones comerciales, con la esperanza de llegar a una base de acuerdo que deje atrás la guerra arancelaria entre ambas potencias.

Según informó la agencia de noticias Bloomberg, el gobierno chino no se muestra dispuesto a reabrir el debate sobre la posibilidad de modificar su actual política industrial o los subsidios que concede a determinados sectores de actividad.

Al menos así lo advirtió el viceprimer ministro del país, Liu He, que este jueves se reunirá con los representantes del Tesoro y de Comercio de Estados Unidos, Steven Mnuchin y Robert Lighthizer, respectivamente.

En estos últimos meses en los que los contactos entre ambas partes se mantuvieron en un mínimo, la posición negociadora de China fue perdiendo peso, a medida que sus números macroeconómicos hacían palpable que la guerra comercial le estaba cobrando un alto peaje a una economía que vende buena parte de lo que produce más allá de sus fronteras.

La economía de Estados Unidos, por su parte, mantenía un paso firme y parecía que estaba saliendo menos perjudicada de la disputa que su rival. Sin embargo, en las últimas semanas se conocieron señales preocupantes.

La industria estadounidense, cuyos trabajadores junto con la población rural fueron los grandes apoyos que llevaron a Donald Trump a la presidencia del país, se sacudió con la publicación del peor índice de gestores de compras (PMI) de la última década.

De igual modo, cuando el mediático mandatario pensaba que cada uno de los escándalos políticos registrados, lejos de hacerle daño, incluso reforzaban su popularidad, ve ahora cómo una controvertida llamada telefónica con su homólogo ucraniano le costó el inicio de un procedimiento de impeachment (juicio político).

El proceso de inhabilitación del presidente aún está todavía lejos de prosperar por el control mayoritario del Senado que ejerce el Partido Republicano, pero sí que parece estar presionando su figura más de lo que podría pensarse en un principio, a medida que las pruebas parecen apuntar que su conducta al utilizar la política exterior del país en beneficio propio se podría catalogar al menos como cuestionable.

Esta situación ha provocado que la situación negociadora de Estados Unidos, tanto desde el punto de visto económico como desde un punto de vista político, se haya visto muy debilitada, lo que podría acabar por empujar a Washington a aceptar un acuerdo mínimo.

Aunque tanto el presidente Trump como su principal asesor económico, Peter Navarro, se han mostrado en contra de alcanzar un entendimiento provisional, la actual situación podría invitar a la administración estadounidense a optar por una salida que pueda ser mostrada como una victoria política ante sus votantes -especialmente entre los agricultores- y obtener un entendimiento económico que evite una mayor desaceleración económica.