La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, señaló ante el Parlamento Europeo que existen "señales de recuperación" de la economía de la eurozona, aunque también ha reconocido que la "incertidumbre" sobre el posible impacto del coronavirus representa una nueva "fuente de preocupación".

Durante su comparecencia ante la comisión de Asuntos Económicos y Monetarios de la Eurocámara, Lagarde afirmadó que algunos indicadores adelantados son ahora "levemente más optimistas". También ha destacado, en el plano positivo, que las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos están disminuyendo.

"Sin embargo, otros riesgos están persistiendo o, como la incertidumbre sobre el impacto del coronavirus, son una fuente de preocupación renovada", relativizó la presidenta del instituto emisor y ex directora gerenta del Fondo Monetario Internacional.

En general, Lagarde ha subrayado que la economía de la zona euro sigue creciendo, aunque con un impulso "todavía modesto", en línea con las expectativas del BCE. La economía doméstica, en concreto, permanece "relativamente sólida", con el consumo privado expandiéndose un 0,5% en le tercer trimestre del pasado año.

"Aun así, los factores globales siguen pesando sobre el crecimiento de la eurozona", expresó su preocupación ante los eurodiputados la presidenta del BCE, quien también recordó que algunas de las incertidumbres que rodean el entorno económico global siguen siendo "elevadas".

Este crecimiento moderado de la economía, ha explicado Lagarde, está "retrasando" que la subida de los salarios se esté traduciendo en mayores precios, y por eso la inflación sigue siendo "débil": en torno al 1,4% en enero.

Según Lagarde, la tendencia a la baja del crecimiento, la menor productividad y el envejecimiento de la población son las principales causas de la caída de los tipos de interés, que junto con la baja inflación han reducido la capacidad del BCE y de otros bancos centrales para relajar su política monetaria.

Además, otros desafíos "estructurales" como las amenazas a la sostenibilidad ambiental, la "rápida" digitalización, la globalización y las "cambiantes" estructuras financieras también "han afectado a la evolución de los precios".