El líder supremo norcoreano, Kim Jong-un, agradeció personalmente los esfuerzos "sinceros" de Corea del Sur por ofrecer a su hermana, Kim Yo-Jong, y una delegación de altos funcionarios el mejor trato posible durante su visita de tres días al país vecino, en un gesto más de distensión política en la península.

La visita supuso un éxito diplomático para Pyongyang. Durante los tres días de estadía, y pese a que no pronunció una sola palabra en público, Kim Yo-Jong eclipsó por completo al vicepresidente de EE UU, Mike Pence, que acudió a la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno con el objetivo declarado de contrarrestar la "propaganda" norcoreana, y solo consiguió parecer hosco frente a la simpatía de la hermana del líder de Corea del Norte.

La visita, en la que Kim transmitió la invitación personal de su hermano al presidente surcoreano Moon Jae-in para viajar a Pyongyang, dejó las relaciones intercoreanas en su momento más cálido en años.

Según informó la agencia de noticias norcoreana KCNA, al recibir entre honores a su hermana y los altos funcionarios regresados de Seúl, Kim dió instrucciones para intensificar el "cálido clima de reconciliación y diálogo" y aprovechar la buena voluntad generada en los Juegos.

Corea del Sur por su parte recibió el aparente entusiasmo del Norte con una optimista cautela. Moon, que ganó las elecciones presidenciales el año pasado con un programa de diálogo con sus vecinos del norte, aún no respondió si acepta la oferta de visita. "Hay que crear las condiciones adecuadas para permitirlo", declaró el jefe de Estado.

En un memorando con sus conclusiones sobre la visita, Seúl puso de manifiesto que el envío de un miembro de la propia familia Kim "demuestra que Corea del Norte tiene un deseo fuerte de mejorar las relaciones y Pyongyang puede adoptar medidas osadas y sin precedentes si lo juzga necesario".