El Tribunal General de la Unión Europea decidió mantener la decisión de la Comisión Europea de 2017 de multar a Google con 2.420 millones de euros (unos 2.800 millones de dólares) por "abusar de su posición dominante en el mercado de los servicios de búsqueda general en línea en 13 países del espacio económico europeo".

Asimismo, el segundo tribunal más importante de la región avaló la afirmación previa de que Google favoreció a "su propio servicio de comparación de compras, un servicio de búsqueda especializado, frente a los servicios de comparación de precios de los competidores". 

Bruselas argumentó que, por lo menos desde 2008, en el momento en el que se recurre a Google para buscar productos o comparar precios, la empresa coloca en una posición dominante a sus propios servicios de búsqueda -como  Google Shopping- independientemente de su relevancia al ocultar a otros competidores. Esta competencia desleal ha ocasionado, según la denuncia, que el tráfico de webs rivales haya caído desde entonces un 80% en Francia y un 92% en Alemania.  

Naturaleza anticompetitiva

En 2017, el regulador europeo le impuso a Google una multa de 2.424.495.000 euros (el 2,7% de los ingresos anuales de la compañía y la más importante de la historia de la UE.), de los cuales 523.518.000 euros le corresponden a Alphabet, su empresa matriz, y ambas compañías apelaron la decisión. Sin embargo, como ahora el recurso interpuesto quedó desestimado, tendrán que pagar toda la suma.

El caso supone una gran victoria para la jefa antimonopolio de la Unión Europea, Margrethe Vestager. “Lo que Google ha hecho es ilegal bajo las normas europeas. Niega a otras compañías la oportunidad de competir en igualdad de condiciones e innovar. Y lo más importante: niega a los consumidores europeos una verdadera elección de servicios y los beneficios completos de la innovación”, explicó Vestager en conferencia de prensa.

El Tribunal General de la UE reconoció "la naturaleza anticompetitiva de las prácticas en cuestión", determinó que la Comisión Europea fue correcta en su estimación de los "efectos nocivos para la competencia", descartó "cualquier justificación objetiva de la conducta de Google" y consideró que el gigante tecnológico "no ha demostrado ganancias de eficiencia vinculadas a esa práctica que contrarresten sus efectos negativos sobre la competencia".