La Comisión Europea pidió a los Estados miembros de la UE que abran de nuevo el paso en sus fronteras interiores a más tardar el 15 de junio, de modo tal que dos semanas después, el 1 de julio, sea posible permitir la entrada de turistas de terceros países en donde la situación epidemiológica esté controlada.

El consenso entre los socios de la Unión Europea era reiniciar progresivamente la desescalada en el cierre de fronteras dentro del espacio Schengen, de modo que la libre circulación entre el espacio común funcionara con normalidad antes de pasar a la segunda fase, es decir, abrir el bloque a terceros países.

Bruselas considera que la primera parte de esta relajación de medidas se está cumpliendo ya en la mayoría de Estados miembros, por lo que pidió "con firmeza" a los países que no lo han hecho aún "concluir el proceso de levantar las restricciones a la libre circulación y retirar los controles interiores dentro de la UE antes del 15 de junio".

 Este calendario eleva la presión sobre los tiempos previstos por el gobierno español que lidera el socialista Pedro Sánchez, que mantiene en su estrategia de desescalada el 1 de julio como fecha para levantar esos controles.

 La comisaria de Interior, Ylva Johansson, justificó el pedido de la CE en que la situación de control de la pandemia es "cada vez mejor" en los países de la UE, con datos que "convergen" y medidas equivalentes para reducir el riesgo de contagio, al tiempo que ha subrayado que el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) considera que el cierre de fronteras dentro del espacio Schengen "no es ahora una medida efectiva para controlar la pandemia".

 En cualquier caso, el Ejecutivo comunitario tiene ya la vista puesta en el 1 de julio como el inicio de los viajes entre la Unión Europea y terceros países, para lo que pide a los Veintisiete fijar criterios comunes que aseguren que solo se permite la entrada de viajeros procedentes de países en donde la situación epidemiológica sea igual o mejor que la del bloque.

Por ello, Bruselas confía en que los Estados miembro sean capaces de consensuar una lista cerrada pero "revisable periódicamente" de países terceros que no supongan un riesgo y cuyos nacionales podrán viajar este verano boreal al conjunto de la Unión Europea, puesto que una vez llegado a un país del bloque tendrá libertad de movimiento por todos los Estados miembro.

 La lista deberá basarse en criterios epidemiológicos, a pesar de las dificultades que la comisaria ha reconocido que existen para recabar datos verificables en determinados países, y deberá también tener en cuenta cuestiones como las medidas de contención durante el viaje que son capaces de aplicar estos destinos y que sigan el principio de reciprocidad.

A pesar de la reapertura generalizada el 15 de junio, hay países como Chipre o Dinamarca que se resisten por ahora a abrir las puertas a viajeros provenientes de estados como España, Italia o Bélgica, donde la pandemia ha impactado con más virulencia en los últimos meses.

El gobierno italiano reclamó a la CE que no haya "discriminación" y que se apliquen "criterios epidemiológicos comunes, claros y transparentes".