La Unión Europea anunció que impondrá aranceles sobre algunos productos icónicos de Estados Unidos, como los jeans Levis, el Bourbon, las motos Harley Davidson, la popular manteca de maní o los arándanos.

Bruselas presiona para que Washington dé marcha atrás, pero la lista anti-Trump podría tener un impacto de casi 3.500 millones de dólares, según las fuentes consultadas, tanto en productos industriales y agrícolas, como en tabaco y bebidas alcohólicas. No obstante, el bloque europeo evita hablar de "represalias" y usa eufemismos ("un reequilibrio de las posiciones comerciales") por temor a posibles demandas judiciales.

"En una guerra comercial nadie sale ganando", dijo la comisaria europea Cecilia Malmström, que cuestionó el argumento estadounidense para justificar los aranceles sobre el acero y el aluminio: "No tiene ninguna base decir que la Unión Europea, tradicional aliada de Washington, amenaza la seguridad nacional de Estados Unidos".

Malmström explicó que la estrategia de la UE es triple: litigar junto con otros bloques comerciales ante la Organización Mundial del Comercio (OMC); imponer medidas para proteger la industria europea del aluminio y el acero, y aprobar medidas de salvaguardia "para equilibrar la situación", con una lista provisional de productos sobre los que se impondrán aranceles.

Los riesgos de escalada están ahí: "Las UE no ha tratado bien a Estados Unidos", dijo Trump, que amenaza con imponer aranceles sobre las importaciones de autos europeos, para desesperación de los productores alemanes y franceses.

La respuesta europea apunta directamente contra símbolos comerciales de Estados Unidos, pero también contra productos hechos feudos del Partido Republicano de Trump, como mecanismo indirecto de presión. El bourbon se fabrica en Kentucky, cuna del líder republicano del Senado, Mitch McConnell; las Harley se producen en el Wisconsin del líder republicano en el Congreso, Paul Ryan, que ya ha declarado su rechazo a la guerra comercial. Gary Cohn, el principal asesor económico de Trump, anunció su dimisión por los primeros latigazos de la guerra comercial.

Pero las probabilidades de una escalada no dejan de aumentar: la dimisión de Cohn es la prueba de que Trump no va a echarse atrás, y la respuesta europea con aranceles sobre los vaqueros, el bourbon o las motos hacen más probables las medidas contra las importaciones de vehículos europeos. BMW vende 350.000 coches al año en EE UU. Uno de cada seis autos que exporta Europa van a Estados Unidos; pero uno de cada cinco coches que exporta Estados Unidos van hacia Europa, por lo que si la guerra se adentra en ese sector puede hacer mucho daño.

El Nobel Paul Krugman estima que los efectos de una guerra arancelaria serían muy negativos para Estados Unidos, cuyas importaciones suman el 20% del PIB norteamericano: encarecer esos productos reduciría la demanda doméstica y un aumento de la inflación que pondría más presión para subir los tipos de interés: claras probabilidades de recesión a la vista.