La Unión Europea (UE) y el Reino Unido concluyeron ayer una jornada de diplomacia sin un acuerdo sobre los términos del Brexit, pero aseguraron estar cerca de un entendimiento que permitirá ampliar las discusiones a la futura relación comercial.

En un día de que fluctuó de la esperanza a la decepción, la UE y la primera ministra británica, Theresa May, no consiguieron "suficiente progreso" en los temas de la primera fase de negociación: la factura de salida que debe pagar Londres, los derechos de los ciudadanos europeos y británicos y las garantías de una frontera abierta en Irlanda.

Los líderes de la UE quieren que haya acuerdo en torno a estas cuestiones para decidir, en una cumbre clave prevista para el 14 y 15 de diciembre, si autorizan avanzar a la segunda fase de las conversaciones, que incluye si el Reino Unido seguirá o no dentro del mercado común y la unión aduanera europea.

Pero el principal problema es la invisible frontera de 500 kilómetros entre la provincia británica de Irlanda del Norte e Irlanda. "Esta mañana teníamos un acuerdo", dijo el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, al expresar su desilusión por el inconveniente de último momento.

"Pese a nuestros mejores esfuerzos y al progreso significativo que hemos hecho nosotros y nuestros equipos en días recientes sobre las cuestiones de retirada pendientes, no fue posible alcanzar un acuerdo", dijo el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker.

El acuerdo sobre la frontera que se está buscando permitiría que el límite irlandés, que tras el Brexit será el único terrestre entre el Reino Unido y el bloque, permanezca abierto al comercio y al tránsito de personas, como ahora.

Pero la fórmula fe rechazada por la líder del Partido Democrático Unionista (DUP) norirlandés, de cuyo apoyo depende el gobierno en minoría de May para no caer.