La historia del James Webb, el telescopio espacial creado en una servilleta de la NASA
Tras un retraso de más de una década, múltiples recortes en el presupuesto e incluso una pandemia, el observatorio espacial iba a volar hacia el espacio el 24 de diciembre. Sin embargo, el mal tiempo en la Guayana Francesa amagó con su despegue
El lanzamiento del telescopio espacial James Webb, luego de 25 años de desarrollo, mantiene vivas las esperanzas de las más de 300 empresas que trabajaron para llevar a cabo un evento sin precedentes. Aunque, en los últimos diez años, se viene retrasando su despegue al espacio, llegó la hora del lanzamiento.
El Telescopio Espacial de Próxima Generación (NGST), nombre original del Webb, está inmerso en una larga historia de cambios constantes y de miles de presupuestos millonarios.
Su origen fue en 1989, cuando el Space Telescope Science Institute y la NASA patrocinaron un taller para debatir sobre las necesidades de la próxima generación de telescopios espaciales. Se trató de un espacio de discusión entre ingenieros y astrónomos, en donde se debatió sobre los avances científicos y las capacidades técnicas que debería tener el sucesor del Hubble.
En 1996, seis años después del lanzamiento del telescopio espacial Hubble, los ingenieros, Pierre Bely y Peter Stockman, dibujaron sobre una servilleta de papel un modelo en el que ya se podía ver un enorme panel solar y un espejo desplegable. Un boceto que se conserva entre los archivos del Goddard Space Flight Center de la agencia espacial estadounidense.
Aquel mismo año, la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Canadiensese (CSA), quienes trabajaron juntas desde el principio, llegaron a la conclusión de que el nuevo telescopio debería operar en longitudes de onda infrarrojas y estar equipado con un espejo de más de 4 metros.
Así fueron diseñando los primeros pasos del Telescopio Espacial de Nueva Generación, momento en el cual la NASA puso manos a la obra. Tal es así que, en 2002 la agencia espacial estadounidense seleccionó los equipos para fabricar los instrumentos y el grupo de astrónomos que orientarían la construcción del telescopio.
Quienes comenzaron a trabajar en este proyecto optaron por llamar al telescopio James Edin Webb, en honor al administrador de la NASA entre 1961 y 1968, quien jugó un papel fundamental en el programa Apolo.
En 2004, luego de componer todos los equipos para empezar su desarrollo, se dio inicio al plan de construcción del observatorio espacial.
Los años empleados en la construcción del James Webb son más que obvios, ya que se trata del observatorio astronómico más grande y poderoso que se ha diseñado. Cuenta con dos importantes características técnicas que son su espejo primario, compuesto por 18 segmentos hexagonales que combinados crean un espejo con un diámetro de 6,5 metros, y su inmenso parasol.
Además, al encontrarse plegado, se toma como indicio que se trata de una de sus partes más delicadas. Ni bien esté en el espacio, se desplegará cerca del punto lagrangiano Tierra-Sol L2. En ese instante, su parasol lo protegerá, gracias a sus cinco hojas de Kapton revestido en aluminio y silicona.
Retrasos y gastos extraSin embargo, no todo es color de rosas para el James Webb. El proyecto del telescopio espacial sufrió innumerables retrasos y gastos de dinero por encima de lo imaginado. En 2005, el telescopio fue rediseñado y no pudo despegar desde el puerto espacial de la Guayana Francesa de la ESA.
En 2011, por la gran cantidad de retrasos que tuvo, miembros del congreso de los Estados Unidos alegó que el proyecto debía cancelarse, luego de haberse gastado más de 3.000 millones de dólares.
Las quejas no fueron tomadas en cuenta, porque el telescopio se encontraba al 75% de su producción de hardware. Ese mismo año, se culminó con la etapa de los 18 segmentos del espejo.
Las piezas individuales del telescopio James Webb llegaron, entre 2012 y 2013, al Goddard Space Flight Center de la NASA en Greenbelt, Maryland. Para 2016, la NASA confirmó que la construcción del sucesor del telescopio Hubble terminó y, además, ya estaban en marcha las fases de prueba, claves porque no se puede ir al espacio a repararlo, como ocurre con otros telescopios que orbitan mucho más cerca de la tierra.
Aunque, los problemas aparecieron en 2018. El parasol del telescopio se había rasgado, durante un despliegue de práctica. La causa fue que los cables no estaban bien ensamblados de antemano.
En 2020, la pandemia del coronavirus aplazó el lanzamiento hasta 2021. En principio, se suponía que iba a ser el 24 de diciembre, previo a la Nochebuena.
¿Quién está listo para @NASAWebb?
Ya puedes añadir un recordatorio para sumarte a nuestra transmisión previa al lanzamiento de Webb, que incluirá comentario en español en vivo de @NASA y @esa mientras Webb deja la Tierra.
25 de diciembre, 6:30 am EThttps://t.co/7v9btzLM2v pic.twitter.com/KpFDD9uM1R
Otro problema pospuso el regalo de Noche Buena para la NASA. El mal tiempo en la Guayana Francesa, no dejó más remedio que aplazar el despegue del telescopio espacial James Webb para el 25 de diciembre.
El telescopio más grande, sofisticado y desafiante que jamás se ha visto, ya construido y a falta de las últimas pruebas finales, descansa ahora en las instalaciones de Redondo Beach (California).

