El clima de protesta social vuelve a ser protagonista en Túnez, a siete años de la revolución popular que puso fin a la dictadura de Zine El Abidine Ben Ali y marcó el inicio de la denominada Primavera Árabe.

Considerado el único ejemplo de éxito de las manifestaciones que sacudieron el norte de África y Medio Oriente entre 2010 y 2011, Túnez avanza, no sin dificultades, en su transición democrática.

El país norafricano atraviesa graves problemas económicos que resucitan los reclamos que derrocaron al dictador tunecino tras 23 años en el poder.

Golpeado por la inestabilidad política y el auge de la violencia yihadista, el país ha vivido varias crisis, que lo llevaron a tener nueve gobiernos en los últimos siete años.

En octubre de 2011, las primeras elecciones libres del país dieron la victoria al partido islamista moderado Ennahda, prohibido durante la era Ben Ali, que lideró una coalición con dos partidos seculares encargada de redactar una nueva Carta Magna.

El 24 de enero de 2014 Túnez logró aprobar la constitución más avanzada del mundo árabe, que garantiza la igualdad de hombres y mujeres y la libertad de conciencia y culto.