El encuentro de ayer en la frontera, como la posibilidad de que se mantengan los espacios de diálogo en el futuro, son un gesto importante de ambos países después de meses de máxima tensión en la región, provocada por la escalada verbal entre Pyongyang y Washington, que incluyó la amenaza de ataques militares.

No obstante, ambas Coreas poseen y arrastran un largo historial de incumplimientos de los acuerdos de acercamiento.

En 2015, los negociadores se reunieron durante casi 40 horas antes de anunciar un acuerdo para enfriar una escalada militar provocada por las explosiones de minas terrestres que mutilaron a dos soldados surcoreanos, pero las animosidades recrudecieron varios meses más tarde después de la cuarta prueba nuclear del Norte.

Las voces que disienten con la estrategia dialoguista, sostienen que con este movimiento, Kim podría estar tratando de dividir Seúl y Washington en un intento por debilitar la presión internacional y las sanciones al Norte.

Lo cierto es que la ronda de diálogo también le permitirá al presidente surcoreano Moon Jae-in retomar la plataforma política que lo llevó a la presidencia y en la que promovía una salida pacífica y consensuada a la crisis coreana.

"Haré todo lo que pueda para construir la paz en la Península Coreana" aseguró Moon el día de su asunción.

Sin embargo, esta posición se fue diluyendo producto de las insistentes pruebas armamentísticas de Pyongyang, que durante el año pasado realizó su sexto ensayo nuclear y lanzó tres misiles balísticos intercontinentales.