Una inesperada discusión sobre el proceso de nominación de los altos cargos institucionales se ha colado en las negociaciones para las elecciones europeas de fines de mayo que desarollan los principales líderes del continente

Al término de una cumbre informal realizada ayer en la ciudad rumana de Sibiu, el jefe del Consejo Europeo, Donald Tusk, pidió a los líderes responsabilidad para que el proceso sea "rápido, fácil y efectivo" y expresó su intención de que las nuevas autoridades queden definidas en la próxima cumbre europea del 20 de junio.

Los cargos a renovar son la presidencia de la Comisión Europea (CE), el Consejo, el Banco Central Europeo (BCE) y el alto representante para la Política Exterior. Pero lo que resta definir es si la elección será directa o si será el Consejo Europeo el que tenga la última palabra.

En la Eurocámara, la decisión está dividida: mientras un grupo defiende el sistema de Spitzenkandidaten (un candidato principal que asumiría el puesto de manera directa tras las elecciones), otros promueven que las autoridades sean elegidas por el parlamento y confirmadas por el Consejo.

Ante la duda, a 15 días de las elecciones, todos los partidos políticos europeos han nominado a sus cabezas de lista.

El sistema del Spitzenkandidaten entró en vigencia en 2014 para fomentar la participación en un momento de desilusión con las instituciones regionales. 

Basándose en el artículo 17.7 del Tratado de la Unión Europea y con el argumento de democratizar las institucionales regionales, los grupos parlamentarios acordaron no votar a ningún presidente que no hubiese sido propuesto durante el proceso electoral. 

El Consejo no estaba de acuerdo, pero aceptó; y para los órganos institucionales fue una buena oportunidad para elevar su perfil.

El Partido Popular Europeo (PPE), con Jean Claude Juncker a la cabeza de la lista, ganó las elecciones y dirigió la CE "más política de la historia", como sostuvo CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs) en un investigación publicada en su página web en marzo. 

Pero los principales líderes europeos están decididos a que el sistema del candidato principal no sobreviva y anticiparon que esta vez no aceptarán automatismos.

Quieren que el Consejo Europeo -o sea, ellos mismos- recupere su preeminencia al elegir al líder de la Comisión y afirman que el puesto no debe estar politizado porque es algo que profundiza la división entre los países.  

Entre los principales opositores al sistema de candidato principal está el presidente francés, Emmanuel Macron, aunque también se oponen la canciller alemana, Angela Merkel, el primer ministro holandés, Mark Rutte y el griego, Alexis Tsipras; cada cual con sus propios motivos.

En lugar de la fórmula actual, Macron impulsó un sistema de "listas transnacionales" atentas a los intereses regionales en lugar de los cada país.

Pero su propuesta fue rechazada por el voto del Europarlamento, a sabiendas de que esa fórmula iba a desmontar las estructuras de poder existentes en la Cámara, cuyo principal beneficiario es el duopolio formado por el PPE y los socialdemócratas (S & D).

Analistas europeos vaticinan que si el Parlamento no consigue un acuerdo, el Consejo Europeo va a desestimar a los Spitzenkandidaten disponibles -en todos los casos candidatos de Alemania y Holanda- y va elegir a algún candidato del sur de Europa para reemplazar a Juncker, a la vez que podría ceder un jugoso puesto como la presidencia del BCE a algún país del norte.