Los estadounidenses definirán el martes 6 un nuevo escenario político en las llamadas elecciones de medio término, una prueba para la gestión del presidente Donald Trump, en las que están en juego no sólo las dos mayorías oficialistas en el Congreso, sino también los gobiernos de 36 de los 50 estados del país.

Dispuesto a romper con la tendencia histórica que castiga al partido en el poder con la pérdida de escaños y gobernaciones, Trump puso a prueba su capital político y lanzó una agresiva campaña personal para mover a sus bases."No estoy en la boleta pero sí lo estoy porque este también es un referéndum sobre mí", dijo en un acto el mes pasado en Mississippi con el lema "finge que estoy en la boleta".

Con un total de 30 actos, 11 de ellos en los seis días días previos a los comicios, Trump se aseguró la omnipresencia mediática y marcó la agenda de la campaña con un discurso en el que el miedo a la inmigración fue protagonista.

El avance de una caravana de miles de migrantes centroamericanos hacia el sur del país le sirvió al magnate para agitar esos temores y ordenar el envío de 5.200 militares a la frontera para frenar la inminente "invasión" y evitar el ingreso de "matones muy malos y pandilleros". Semejante despliegue del Ejército sólo tiene sentido si se lee en clave electoral.

La inmigración es el tema que más preocupa a los electores republicanos, según una encuesta de Reuters/Ipsos, y el miedo es un gran motivador para votar en unas elecciones, donde la participación suele ser mucho más baja que en las presidenciales.

Mientras Trump se centra en la inmigración, una estrategia que ya le funcionó en 2016 para llegar al Salón Oval, los demócratas hicieron del acceso a la sanidad su bandera.

"Los republicanos harían cualquier cosa para desviar la atención de los votos que dieron a favor de eliminar las coberturas de salud de los estadounidenses", atacó Nancy Pelosi, la jefa demócrata en la Cámara baja.

La defensa de la ley conocida como Obamacare, que hizo obligatorio el acceso a la salud para todos los ciudadanos, se convirtió en el eje central de la campaña demócrata, que continuamente recordó los intentos oficialistas de derogar la medida. Esta estrategia, según las encuestas, no sería errada.

Un sondeo de la cadena Fox News señaló que la sanidad es la principal preocupación de los estadounidenses y para 58% de los posibles electores es "extremadamente importante" para su voto.

Pero el mensaje demócrata, más constructivo y suave que el republicano, no parece calar lo suficiente como para asegurar una victoria contundente en el Congreso.

En el Senado, donde se renuevan 35 escaños de los 100 existentes -dos de ellos por elecciones especiales en Minnesota y Mississippi-, la posibilidades de los demócratas de recuperar el control son mínimas, 15% según el portal de análisis FiveThirtyEight.

El mapa electoral les juega en contra: para obtener la mayoría de 50 no sólo deben mantener los 26 bancas que están en juego, sino que además deben ganarles dos a los republicanos y en estados conservadores.

En la Cámara de Representantes, en cambio, donde se reeligen la totalidad de los 435 escaños, la probabilidad de los demócratas de recobrar la mayoría perdida en 2010 se eleva a sus máximos históricos, 85% según los cálculos de FiveThirtyEight, ya que sólo necesitan arrebatar 23 bancas a los republicanos.

Los sondeos también les son favorables en la lucha por las gobernaciones de 36 estados: ganarían entre seis y ocho a los republicanos, mientras que los conservadores sólo les arrebatarían una.

Las principales contiendas se darán en Ohio, Michigan, Florida y Pennsylvania, estados clave en las elecciones presidenciales, donde los gobernadores serán decisivos para movilizar a las bases y recaudar fondos para 2020.

En ese sentido, los comicios de mitad de mandato pueden ser determinantes en la campaña de Trump a la reelección.

Si la oposición se hace con el control del Congreso, el presidente no sólo corre el riesgo de ver su agenda y nombramientos bloqueados, sino que al modificarse la mayoría de las Cámaras cambiaría también la de las comisiones parlamentarias y podría ser investigado y citado por los legisladores.
Incluso con la actual mayoría republicana en el Parlamento, el mandatario no logró en estos dos años sacar adelante sus grandes promesas electorales, como la derogación del Obamacare o la construcción del muro con México.

De ahí, su interés en acaparar la campaña y movilizar a sus votantes para frenar una posible "ola azul" de los demócratas, cuyo proceso de reconstrucción está en juego.

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